miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Chacarero Cantor


Desde hace algunos años su presencia es infaltable en las fiestas camperas. Pero, lo que en su carrera hoy aparece como una cosecha constante, tuvo una siembra larga y paciente que le propinó la llave con que hoy se han abierto tantas puertas a Carlos Ramón Fernández, este chacarero cantor que, aunque aquerenciado en Saladillo, es un poco de tres lugares de la provincia.
“Soy nacido en Dolores, pero viví aquí muy poco tiempo ya que mis padres, por razones de trabajo, se trasladaron a Las Flores y allí me crié y viví hasta los 29, cuando mi mujer heredó una chacra en Saladillo. Antes, en Las Flores, había sido mensual de campo, alambrador; trabajé toda mi vida en el campo, y luego, cuando mi esposa heredó esa chacrita, nos radicamos ahí, siempre con este sueño”, dice el cantor.
A Fernández su padre le regaló a los 15 años una guitarra, lo que señala como el comienzo de su vida de cantor. Con ella empezó a subir a los escenarios de jineteadas, donde animaba el Gringo de Lobos, el encargado de abrir paso a Fernández. Luego, “en Saladillo la vida me dio una nueva oportunidad que fue la de poder grabar y ahí nace mi nombre, «El chacarero cantor», por vivir en una chacra a 15 kilómetros de la ciudad”.
Después vendrían años de recorrer jineteadas con los casetes, que vendía en mano al finalizar la actuación, mientras su vida seguía dependiendo del trabajo semanal. “Pasaron varios años de mucho trabajo en la chacra. De ordeñar y hacer quesos para luego venderlos y de hacer de todo, porque esa es la única forma de poder sobrevivir en un campito chico y de mantener a la familia”. La referencia es a Graciela, su esposa, que lo acompaña a cuantos lados va y a sus dos hijas, Laura y María José, quienes les han dado tres nietos.
“El apoyo de mis padres y de mi mujer y mis hijas ha sido decisivo, porque en esto no se puede avanzar sin ese respaldo.”
En sus canciones le ha cantado a la madre en “Cuatro letras para un verso”; a los ancianos en “Domingo Día del Padre”, un manifiesto contra el abandono que sufren los viejos en la soledad de un asilo; aludió a la mayoría de los oficios rurales en milongas y valses criollos y en esos y otros ritmos le cantó a algunos de los jinetes y caballos más celebres.
No se considera un cantor de protesta aunque en la actualidad, su tema más conocido sea “Que te ha pasado justicia”, una suerte de hit criollo en la que un excluido social cuestiona el funcionamiento de las instituciones y de la justicia social. Tampoco se olvida de sus pares, los campesinos entre los que pasó sus primeros años de labor.
“Quizás en próximos trabajos pueda grabar algo que pienso: no vas a escuchar nunca en un medio importante que un puestero cortó una ruta como medida de protesta o de fuerza; jamás lo hace. Es el hombre que agacha la cabeza y es muy posible que se vaya de un lugar sin pedir aumento. Por ahí la gente de las grandes ciudades quiere ir los fines de semana a descansar al campo y quiere que lo atiendan, pero ese hombre también se merece su descanso por haber trabajado durante la semana. El hombre de campo es un poco incomprendido en esas cuestiones.”
A la hora de agradecer no se olvida de mencionar a los medios que respaldaron sus comienzos. “Los medios regionales siempre me dieron una oportunidad sin pedir nada a cambio.”
La rutina actual lo lleva a viajar casi todos los fines semana en distintas direcciones cumpliendo con los compromisos artísticos o distribuyendo sus discos. “Los lunes ya estamos de regreso en la chacra, donde me gusta ensillar un caballo y salir a recorrer. Tenemos animales y con mi esposa armamos los potreros rotativos con el alambre eléctrico y muchas cosas más de las que nos ocupamos en esos días de la semana que pasamos ahí.”"
Diario La Nacion, Sábado 21 de enero de 2006 | Publicado en edición impresa