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martes, 25 de diciembre de 2012

Pinturas de Carlos Montefusco

"En pagos de Colorados"








"Era de ñandubay"








"Ese que quede pa toro"









"Guapos"

Trabajando un rodeo de hacienda criolla a pleno campo,
esta yunta de paisanos se destaca en el aparte. Traen apretado
entre las paletas a un novillo de grandes guampas.
Guapos han de ser, al igual que sus caballos para llevar así
a ese animal.
No menos guapos son los teros que defendiendo a su
pichón le ponen el pecho a tanta pezuña y polvareda.
La escena corresponde a fines del 1800.
 

"Guarda el coletazo, Carozo"







"Guenoo"








"Hacienda arisca"

Don Roberto Dowdall, al referirse al antiguo vacuno criollo nos cuenta: 

“Esas haciendas ariscas parecía que estaban esperando el menor pretexto para asustarse, provocando una disparada o desgaritarse, como dicen en el litoral, o una estampida, según la terminología del vaquero americano.
A veces, entre los atajadores, un caballo que corcoveara desmontando al jinete y desparramando el recado, era suficiente para provocar la temida disparada, a veces incontenible, de la hacienda.
Además del peligro que entrañaba para los jinetes que pretendían dominarla, daba por tierra con todo el trabajo del día, volviendo toda la hacienda, en puntas, a sus habituales paraderos o comederos.
Producida la disparada, por un accidente fortuito o inexperiencia de algún atajador, la única forma de contenerla era tratando que el trozo que disparaba se mantuviera unido, sin desperdigarse en puntas, haciéndose como las estrellas, al decir campero.
Para ello, todos los jinetes les hacían costados y arriaban la culata, tratando de que todos los animales siguieran a los que disparaban en la punta, o hacían cabeza. Los jinetes mejor montados y más hábiles obligaban a la cabeza a ir girando hacia un mismo lado (le volcaban la cabeza) hasta que se juntara con la retaguardia (la culata) y así todo el grupo empezaba a girar en círculos hasta que se aquietaba.”

El personaje de la pintura, es un gaucho muy antiguo, lleva en la cabeza el pañuelo “a la aragonesa” y estriba entre los dedos, para desprenderse fácilmente en caso de rodar. Corren por la orilla de un arroyo de profundas barrancas, cuyo cauce seguramente se colmará de agua cuando regresen las lluvias. Quizás la “seca” fuese el motivo de la disparada, enloqueciendo de sed a los animales. El bicherío del campo se ha espantado con tanto movimiento, unos dragones amarillos y negros vuelan, y en primer plano sale despavorida una familia de copetonas. La hacienda “criolla” es de todos los pelos, y de grandes cuernos.


"Haciendome el gusto en vida"











"Ha de ser el patrón" acrílico sobre madera, 40 x 30
Una fría mañana, en el fogón, la leña se vuelve brasa.
El viejo sentado sobre una cabeza de caballo matea junto al calorcito. El perro veterano, tiene derecho a dormir en la cocina,...ya aguantó bastantes heladas.
De repente, un ruido viene de afuera, el ovejero mira hacia la puerta, el crioyo reconoce el sonido de las botas en el piso de ladrillo, y como su compañero no se inquieta, es de seguro alguien conocido, entonces, como adivinando, piensa "Ha de ser el patrón"
El viejo ceba en un mate de guampa, usa un chiripá bayo, ajustado con la faja, y por sobre ella el tirador de charol, ajustado probablemente con una importante rastra. Luce boina con borla.
Su calzado es un par de botas fuertes.


"Hasta los chicos lo suben"

Un potro gateado bellaquea y se deshace en corcovos tratando de desmontar al paisano, pero el hombre es jinete y a pesar de haber perdido un estribo sigue firme, hasta riyéndose, como que disfruta.
Lleva riendas comunes y las presillas van prendidas al bocado. Generalmente, cuando se domaba, se usaban riendas fuertes con una yapa terminada en argollas por donde pasaba el bocado. El gateado tiene puesto un bozal grueso de palenquear y un bocado de soga, pero para no dañar la boca solía usarse uno hecho de pabilo o de tiras de medias.
El potro está ensillado con un recadito de bastos, sencillón. Para mí que el paisano es medio hereje, y no está domando, sino no usaría esas tremendas nazarenas de fierro, más bien lo está provocando al clavarle las rodajas y sacudiéndole el rebenque por la cabeza. Pero el gateado se sabe defender y se ha puesto como tigre. Tiene la clina larga y los vasos rajados, señal de que nadie lo muenta.
El hombre va de botas de potro, de chiripá de "merino" negro y ha dejado el sombrero, atándose a la cabeza el pañuelo como vincha.
Al fondo la llanura de la pampa vieja, sin ningún monte. Por el color del cielo a lo lejos, parece que va llover lindo.
Una vuelta, ha venido un hombre de la ciudad, y ha pedido caballo.
¡Que barbaridad! además de jinetazo, tremendo bromista había sabido ser el paisano, porque le ha ofrecido el potro gateado. El forastero ha tenido sus dudas al ver al flete, y para tranquilizarlo el crioyo le ha dicho:
"el cabayo es mansito, una oveja, si hasta los chicos lo suben"


"No es Contreras, al primero
Que ha perdido entre los pastos
Porque a hombres juertes pal basto
Les desparramó el apero;"

Omar J. Menvielle, "Con pacencia”


"Hice Chicharrones"








"Juira de áhi"







"La Taba"







"Le pegué un empujoncito"

"Al toro por las paletas, le pegué un empujoncito" dice el paisano que imaginara Don Pedro Risso en una de sus letras, y aquí yo se las cedo al criollo que enfrenta a este macaco novillo criollo.

El vacuno, se encuentra enlazado de sus guampas, y agarrado de una pata por otro ayudante que monta un gateado criollo y guapo.

Don Roberto Dowdall en su libro "Trabajando de a caballo" nos dice al respecto, "En el trabajo corriente no es imprescindible que se agarren las dos patas de la res para voltearla. Con una pata en el aire, aprisionada por el lazo tirante, la res queda en tres patas; otro de a caballo le pega una pechada, desde el lado que el animal tiene una pata apoyada en el suelo, haciéndola caer fácilmente."

Aunque tradicionalmente el criollo lleva las riendas con la mano izquierda, en algunas zonas es común que se cambien de mano las riendas y el rebenque cuando la ocasión lo requiere, quedando como en este caso el rebenque en la zurda para animar más al bayo a cumplir con su trabajo.

El que el novillo sea criollo, más el tipo de vestimentas y aperos nos ubica a fines del siglo XIX.


"Le viá sacar loj asau"

El soldado fortinero, sufrido, abnegado, debía muchas veces recolectar en la naturaleza su diario sustento, a falta de la ración que no proveía el gobierno. En esta pintura se representa una boleada, a cargo de un grupo de aquellos hombres, que abandonando la precaria seguridad del canton salen en procura del alimento. En primer plano una gama, (hembra del venado de las pampas, hoy casi extinto), trata de escapar del tiro certero de bolas que dará con ella por tierra.

Las flores en primer plano (Cypella sp. y Trifurcia lahue) nos ubica la escena en el mes de noviembre, es en este mes cuando las lluvias y los primeros calores las hacen aparecer tras las heladas invernales.


"Lo pare contra una planta"

viernes, 30 de noviembre de 2012

Mas de Carlos Montefusco

"Cumplidor el Malevo"
¡Que heladita cayó mi amigo!








"Diez años entre infieles"

Huir de la justicia, o por razones políticas, podía ser la razón, para que un criollo de antaño decidiera cambiar su vida al refugiarse entre los distintos asentamientos indios que se hallaban en el desierto, mas allá de la línea de fortines. Algunos de estos hombres cobraban notoriedad como integrantes de aquellos pueblos indígenas, como fue el caso del coronel Baigorr
ia, quien vivió muchos años en las tolderías ranqueles formando su propia tribu.

El paisano retratado aquí, viste sus lujos gauchos en los que se aprecian una mestizaje igual al ambiente donde se desenvuelve su dueño. El chiripá de merino negro, la rastra es de las llamadas "del perro", motivo que aparece en una cabezada con bozalejo de plata que perteneciera al cacique Mariano. Las sogas son torcidas, de clásica confección aborigen. Las espuelas son de platería pampa, sencilla y bonita, fruto de los talleres indios. Los estribos, pequeños, para estribar entre los dedos, son de plata, conocidos como de "arco" o porteños. Lleva botas de potro, ajustadas con ligas pampas; y porta su facón al frente de su cintura, costumbre de muchos criollos e indios para compadrear cuando iban de a pie. Un detalle curioso es la carona de vaca que compone el recado de lomillo. Esta carona presenta un diseño logrado al raspar el pelo del cuero formando bonitos dibujos.




"El cantón"

Los fortines o cantones, avanzadas de los cristianos, estaban ubicados en la frontera con el indio. Alejados de las principales poblaciones sus ocupantes se hallaban a la buena de Dios, y a merced del ataque del enemigo.

Su única defensa era un foso, un muro de barro, y si había madera un cerco de palo a pique, además del infaltable mangrullo.

Diariamente se despachaba un explorador a recorrer en busca de novedades (descubierta).

Estos precarios asentamientos fundados por milicos, son hoy en muchos casos pujantes ciudades de nuestra llanura.






"Ara vaí"

Che renoi la patrón, sí sí me llamó el patrón, agarré caballo, el cabos negros que es bien guapo y me largué antes de que me agarre la tormenta; me siguió la barbucha. Pa´ cortar camino fui costiando el estero, por el monte de curupíes.
En el viaje me acordé de unos cuentos que me hacía mi padre, de cuando él y el hermano fueron a trabajar a una estancia en Buenos Aires. Ganaban bien, p
ero quisieron volver al pago, y aquí estoy.
Suerte que le gané a la lluvia. La barbucha se durmió una siesta después del viaje.

"Leandro Verón se descolgó suavemente del nochero en la puerta del corral y sin abandonar
las riendas, colocó una tras otra las trancas de palma."
Justo P. Saenz (h), "Corrientes"
 — conAgropecuaria Reconquista.





"Cuidao con ese fierro"

En el tiempo antigua, las yerras eran algo grandioso. Hasta el más pobre tenía tropiya. Se arriaba la hacienda tuita la noche por esos pajonales y cañadones inmensos, a veces con heladas machazas. Se paraba rodeo en campos sin alambre. No había montes ni nada.
La hacienda era tuita crioya, chiquita y muy aspuda.
Había que ser muy jinete.


"Viniendo del 25 pa` General Alvear, me avisó el bolichero de "El Parche" de que en "El
Mirador" de Olaso había yerra y que iban a ocupar gente. Tonce yegué."
Rafael Darío Capdevila, "Cuentos del Caminante"







"En el jagüel"

En la estancia sabía haber cuadrillas grandes de avestruces. Estaba pruhibido salir a bolear.
Se los véia caminar por los surcos comiéndose las plantas de máiz. La avestruzada aumentó
tanto que se nos dio permiso pa' correrlos. Aura se han achicao mucho las bandadas.

"La especie americana no esta exenta de la ley general, que prescribe a los animales de sangre
roja y caliente el uso del agua, con más razón a los muy móviles, y que deben sufrir, como el ÑANDÚ, dobles pérdidas.

Francisco Javier Muñiz, "Escritos científicos".

lunes, 26 de noviembre de 2012

Grandes Obras De Carlos Montefusco

¡A DIOS GRACIAS, UNITARIO!
Acrílico sobre madera, 22 x 16, colección particular.

Una reja de pulpería, y la pared de adobe, con marcas de estancia. Un corto alero de paja, proyecta algo de sombra, bajo la cual se encuentra un joven gaucho. Por sus pilchas, estamos en la primera mitad del siglo XIX, ya que usa amplio chiripá, ajustado en las caderas, calzoncillo cribado, botas de potro despuntadas, y ajusta su tirador con dos yuntas.
Por sobre el tirador, lleva anudadas unas “avestruceras”
Su sombrero de paja, se engalana con una cinta azul-celeste, del mismo color que su pañuelo.
Por si no nos queda claro, con su saludo nos dice, ¡A Dios gracias, Unitario!



"Abrojo el picazo" acrílico, 40 x 60
El potro picazo, cabezón y lleno de abrojos se deshace tironeando del maneador.
El paisano lo espanta para que tironee y afloje el cogote, se dice: "lo está palenqueando" Están en un corral redondo bastante antiguón, con espacios cortos entre postes y alambre grueso del llamado "de vía"
El palenque, quizás de ñandubay, tiene tallada una cabeza. No es adorno, ..
.si al tironear el bagual, la soga sube, quedará atrapada en el rebaje y no se saldrá.
El gaucho usa chiripá bayo de trabajo, y unas gruesas medias de lana ajustan los calzoncillos. Chancletea las alpargatas. (este calzado fue difundido por los súbditos vascos al poblar nuestra tierra) La combinación de alpargatas y medias suplantó definitivamente el uso de la bota de potro, en la última dos décadas del siglo XIX.
Este hombre retacón y fornido, por sus rasgos seguramente pertenece a alguna de las tribus que se establecieron del lado cristiano de la frontera.
Palenquear un potro en doma, no fue, ni es en la actualidad una usanza de todos los domadores. La razón de palenquear era dejar dolorido al animal en la nuca, para que luego "cabresteara" con facilidad (siguiera mansamente al hombre)
Algunos animales se estropeaban de por vida, ese era el riesgo, el paisano decía "se descogotó"
 — 


"Acabau cristiano"

En el choque de culturas, a lo largo de la historia de la humanidad, el enfrentamiento bélico era inevitable.

Así ocurrió en nuestras llanuras, la escena representa a un guerrero pampa cargando con su "chuza", lanza larga que los indios blandían con especial maestría, era confeccionada en caña coligüe, su punta era de hierro, solía ser una media tijera de tusar o una hoja de cuchillo. Podían estar adornadas con plumas de ñandú coloreadas o crin de caballo, y poseía una "manija" correa de cuero de la que se tomaba el arma cuando no se la utilizaba.

La frase que da título a la obra pertenece al Martín Fierro de Don José Hernández.




"Al Siñuelo"
Acrílico sobre madera, 30 x 40 cm.

Se le llamaba "señuelo" o "siñuelo" a un grupo de bueyes mansos, que se utilizaban para guiar las tropas de hacienda.
Hace poco, ví en los informes de un viejo libro de estancia, que entre los detalles de las haciendas, majadas y manadas, figuraba un renglón donde decía "ciñuelo"......23. La primera vez que lo veo escrito con "c", y lindo el dato,
de que se componía en este caso de 23 animales.
Los bueyes señueleros respondían a la voz de mando de su entrenador, o al sonido de unos cascabeles que se usaban para llamarlos. Estos hacían punta en los arreos, y los vacunos empujados por su instinto gregario les seguían.
El señuelo era sumamente útil al trabajar con hacienda arisca, para cruzar lugares accidentados o atravesar un río.
También se usaba simplemente para meter la hacienda en el corral, o para formar una tropa.
Es esto último, lo que están haciendo estos dos paisanos. Han apartado una vaca criolla, guampuda y macaca, guiándola al siñuelo.
En cuanto ella lo vea, la dejarán, y solita rumbeará "al siñuelo"
El rebenque que se ve en lo alto no está anudado. Es que el lobuno cara negra, es medio nuevón en el aparte, y para que se vuelque más sobre el vacuno, el hombre viene remolineando el talero, y la lonja se enroscó, momentáneamente, sobre sí misma.
 — 



"Aprendices"
40 x 60 , acrílico sobre madera.

Esta escena se inspira en una anécdota que me contara don Rodolfo Casamiquela. Cierta vez, este famoso antropólogo, visitó a un paisano tehuelche de Santa Cruz. El hombre le mostró la técnica del trabajo en piedra, confeccionando en pocos minutos una perfecta punta de flecha usando una piedrita como materia prima y un punzón de hueso como herramienta
.
A pesar de que los tehuelches hacía ya varias generaciones que no usaban arco y flecha, todavía conservaba intacta la técnica aprendida de sus mayores.
En la pintura, los dos niños aprenden de su padre dicho "arte" El hermano mayor trae seguramente en su puño una piedrita para trabajar. El cachorro de guanaco, es un guachito criado en los toldos, que se usará como señuelo en el campo para atraer las tropillas de guanacos libres. El animalito completamente domesticado tiene un collar de lanitas de colores.
Al fondo otros dos toldos, con los colores del pelo de guanaco, y el árido paisaje del desierto patagónico.
Una pareja de loicas pasan al vuelo.
Después de la llegada del caballo, el pueblo tehuelche dejó de lado el arco y flecha (técnica de caza al acecho) por las boleadoras, que arrojaban desde sus montados a la carrera.
 —


"A recorrer"

Amaneció húmedo, el puestero ya en el corral agarra
el nochero, el perro mas joven impaciente, y el
perro viejo preferiría no salir hoy.

En la vestimenta del paisano aparecen el chiripá
y las alpargatas, y en el paisaje pareciera que se
recortan unos eucaliptos entre la neblina. Estos
detalles son propios de fines del siglo XIX.





"Asau y puchero"" acrílico sobre madera, 40 x 60
Los tehuelches fueron un orgulloso y vigoroso pueblo nómade, que habitó la llanura patagónica y la pampa, desde lo que hoy conocemos como el sur de Córdoba, hasta el estrecho de Magallanes.
La mujer de la escena es tehuelche, y se la reconoce por el uso del quillango, o capa de cuero. Ellos en su lengua le llamaban "kai" Muchos KAI estaban pintados
con figuras que representaban a cada clan. Su confección estaba a cargo de las mujeres.
La mayoría de los KAI, estaban hechos con cueritos de chulengo (cría del guanaco), cocidos. Para una capa destinada a un adulto eran necesarios hasta veinte cueritos.
En el campamento todos tienen hambre, y la señora, como buena ama de casa se ocupa del asado y el puchero, junto al reparo del viento que le brinda su toldo de cuero.
La niñita, sentada en el suelo tiene una muñeca. Para pintar ese detalle me inspiré en una pieza exibida en el Museo Antropológico de Buenos Aires.
La mujer tiene el rostro pintado de "ocre", pasta preparada con grasa y arcilla roja; su finalidad era protejer la piel del viento y el sol patagónicos.





"Ave María Purísima", acrílico 40 x 30
Este crioyo saluda (tocándose el ala de su sombrero) a un observador, alguien a quien no vemos que se encuentra en el alero de "las casas" quizás el patrón.
Enmarca la escena una glicina, vieja a juzgar por su tronco.
El hombre es antiguo, viste chiripá con ribete rojo, y una hermosa y enorme rastra de "cardo"
Su camisa de Crimea tiene detalles en pechera y h
ombros de tela oscura. Luce el pañuelo "tendido" al cuello
Su rebenque es de los llamados "de argolla"
El chambergo de paja, es ribeteado y posee barbijo con borla.
Calza botas fuertes. Arrolladas a la cintura las potreadoras (boleadoras de grandes piedras.)
La vestimenta ubica al personaje allá por el 1870.





"Campos porteños"
Antiguamente, a los campos de la provincia de Buenos Aires, se les llamaba "porteños"
El paisano de la imagen, un capataz, bien porteño, viste chiripá, camisa de Crimea blanca y blusa. Calza botas de potro ajustadas con liga. Ensilla lomillo,y luce un espléndido juego de sogas. Por todos estos datos debemos estar en la última década del siglo XIX.
El gateado, de buena alzada, pa
rece nuevón. El paisaje, de campo natural, abunda en pajonales de paja vizcachera, y por el viejo tala que completa la escena, puede ser la zona de Madariaga, o la Magdalena, quien sabe más al norte, en lo que fueran los viejos campo de Pereyra, cerca de donde hoy se emplaza la ciudad de La Plata. En el pastizal un rodeo de criollas mansas aprovechan el rebrote de primavera, donde no faltan las flores silvestres, macachines, verbenas y flores de la Trinidad.
Las lechuzas, en la boca de la cueva, de seguro han sacado pichones. En el cielo pasa su vecino, un tero de pocas pulgas.





"Corral viejo"

En esta escena se ve en detalle la puerta de un
corral de palo a pique, con los rodillos por donde
corren las trancas (generalmente de palma). Al
fondo un añoso tala que brindara sombra a los animales
encerrados en algún momento del día. En la
entrada sobre uno de los palos una lechuza de las
vizcacheras relojea con interés a dos cuises que se
asoman entre los pastos.

martes, 20 de noviembre de 2012

Florencio Molina Campos


Nació en la ciudad de Buenos Aires el 21 de agosto de 1891. Eran diez hermanos -tres varones y siete mujeres- y todos tenían como segundo nombre “De los Ángeles”, que era también el nombre de la estancia de la familia de su madre en el Tuyú (General Madariaga, provincia de Buenos Aires). Allí pasaba los veranos y a los 6 años ya mostraba su inclinación por el dibujo.
Terminó de cursar sus estudios en el Colegio del Salvador, de los padres jesuitas y comenzó a trabajar en el correo. También intentó dedicarse a la venta de terrenos y hacienda, pero sus esfuerzos no tuvieron éxito.
A los 28 años se casó con María Hortensia Palacios Avellaneda y a los diez meses nació su única hija, Hortensia María. Después, fue con su hermano Carmelo a trabajar en un obraje en Santiago del Estero, donde pasó años muy duros.
Se separó de su mujer luego de tan s lo 4 años de matrimonio y se empleó como administrativo en la Sociedad Rural Argentina, en Buenos Aires. Sus compañeros de trabajo lo instaron a presentar los dibujos y pinturas que él realizaba y que llamaba, con modestia, caricaturas. Fue así como en agosto de 1926 realizó su primera exposición en la Feria Ganadera de Palermo, integrada por 61 pasteles y acuarelas, que vende completamente gracias al gran espaldarazo que le dio el presidente de la Nací n, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear, quien le compró dos obras. A los pocos meses, realizó otra exposición en Mar del Plata, en el local de la galería Witcomb. Allí, conoció a Elvira Ponce Aguirre, una maestra mendocina con quien vivió el resto de sus días.

Las exposiciones continuaron siempre con un gran éxito y la muestra ganadera de Palermo lo tuvo como una de las atracciones principales durante cuatro años. La fábrica Alpargatas le encargó doce pinturas para ilustrar el almanaque de 1931. Las obras -que se vendían en 70 pesos- fueron entonces reconocidas por esta empresa que le pagó 500 pesos por cada una. Desde 1931 hasta 1936 se presentaron los almanaques y volvió a realizarlos entre 1940 y 1945. En estos 12 años, cerca de 18 millones de láminas litográficas con sus obras se distribuyeron por la Argentina y países vecinos, y se convirtió en la primera pinacoteca popular del arte argentino, Los almanaques comenzaron a incluir te os, en los cuales Florencio respetaba la forma en que hablaban sus queridos paisanos. Por ejemplo, decía a su personaje Tileforo Areco- “Cansao de andar vagando y de agregao en una estancia u piolando… Me dentró una comezón por saber como estaría lo que dejé cuasi de creatura”. Sus textos causaron un suceso tal, que también fue contratado para contar las historias en la radio.
Continuamente viajaba por el interior visitando estancias y amigos, pero buscaba afanosamente “su lugar” para instalarse fuera de la ciudad. Y lo encontró en Moreno, a orillas del río Reconquista, Allí, construyó su rancho al cual puso de nombre Los Estribos, en honor a la marca que utilizaba la familia Molina Campos para el ganado, característica en todas las obras de Florencio y que son dos estribos cruzados.
Su obra ya era conocida, gracias a los almanaques, también en los Estados Unidos, donde realizó exposiciones que tuvieron como escenario a diversas librerías, en lugar de galerías de arte. Allí conocí al fundador de la Universidad de Texas, Edward Larocque Tinker, quien adquirí una colección de pinturas para la entidad educativa que atesora 45 de sus mejores obras.
El deseo de Florencio siempre fue llegar a ver a sus personajes animados”. En una oportunidad, Walt Disney viajó a la Argentina, pero Florencio se encontraba en Alemania, en un festival de cine. Meses después, se encontraron en California, donde Florencio comenzó a asesorarlo en una serie de películas que Disney estaba realizando, ambientadas en América del Sur. Esta relación profesional duró poco tiempo, ya que Molina Campos objetó la falta de rigor documental de los dibujos producidos en los Estudios Disney. La relación de amistad perduró durante toda la vida, pero se malogró la idea de recrear sus queridos paisanos junto con Disney. De todos modos, su obra quedó plasmada en Goofy Goes Gaucho y The Flying Gaucho, presentados en la Argentina como El burrito volador. También colaboró en Saludos amigos, una película que narra el viaje de Disney por Sudamérica.
En 1942, se realizó una exposición en el Museo de Arte Moderno de San Francisco y en otras ciudades de los Estados Unidos.
Entre 1944 y 1958 lo contrató una empresa de Míneápolis para editar su obra en calendarios y fue en esa época cuando Florencio comenzó a pintar al leo. En sus primeras tiempos había realizado acuarelas y pasteles, pero la témpera fue su medio predilecto

También, realizó ilustraciones para libros, como el Fausto, de Estanislao del Campo y La cierra purpúrea, de Enrique Hudson y actuó en el cortometraje Pampa mansa, que fue presentado en el Festival de Berlín donde estuvo presente el pintor.
De regreso al país, hizo una muestra en la galería Argentina, de la que sería su última exposición. Estuvo integrada por 80 obras y de regreso al país, hizo una muestra en la galería Argentina, de la que sería su última exposición. Estuvo integrada por 80 obras y el éxito fue total: se vendieron 70 cuadros. Tras el evento, se internó para hacerse una pequeña operación y el 16 de noviembre de 1959 falleció por una complicación cardíaca.
Un estilo personal. obra de Molina ampos es representativa de nuestro país y de su gente. Gracias a los almanaques de Alpargatas y a las exposiciones que recorrieron todo el país, su obra es ampliamente conocida. Siempre pintó a sus contemporáneos, representó a los paisanos como é1 los veía. Pero nunca utilizó modelos ni preparó la escena de sus cuadros. Pintaba de noche o a última hora de la tarde, sobre un tablero de arquitecto, inventando sus personajes y recreando las imágenes que estaban en sus retinas. Esto resulta sorprendente cuando se observa el detalle preciosista de sus obras. La témpera era la técnica que le resultaba más cómoda. Lo último que acostumbraba a dibujar era la cara de sus personajes. Llegó a dominar el óleo con maestría, pero sólo realizó menos de 200 obras con dicha técnica.

Fuente: http://www.molinacampos.net/