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viernes, 10 de mayo de 2013

LAZARO MORENO


Esta nota tiene origen en una larga conversación que tuvimos con Lázaro Moreno. Comenzó en Chacabuco, Buenos Aires convocados por el amigo cantor Marcelo Ferrer para el Encuentro Nacional de folklore y continuó en Oncativo provincia de Córdoba, en el estudio de FM 90.3 Conocernos donde el Encuentro de la Comunicación y la cultura nos hace reencontrarnos año tras año, gracias a la infatigable tarea del Negro Blanco, otro amigo de ley que no duda en luchar para mantener abierto este importante espacio para la cultura.
A este Lázaro Moreno. Herrera lo vio crecer le marco esa infinita necesidad de pintar a su gente tan sufrida y tan callada. Payador, poeta, trovador de palabra áspera y sincera estudioso y sabedor, de lo que canta y cuenta.
-Déjame atisbar a la distancia a tu pueblo
-Uno tuvo la suerte de haber nacido en un pueblo pobre.  Un pueblo que te enseña a valorar el pan de cada día, donde sabes el gusto de los caramelos a medias, donde la mortadela bocha es un premio, la prioridad del caballo como transporte y sobre todo del silencio.  Ese que nos deja un montón de interrogantes, porque uno no se daba cuenta antes lo importante que era, pensando que aburrido este pueblo.  Pero el paso de los años te trae otros ángulos, otro empaque.  Entonces uno dice orgulloso yo vengo de Herrera, un pueblo que a pesar de tener sus entrañas tan saladas por la tierra, mejor dicho por el salitre, ha tenido ese contraste caprichoso de la naturaleza de haber regalado desde su vientre cantores con  tanta dulzura al cantar chacareras, chamamés , milongas.  Un pueblo donde reinaba mucho la charla en las esquinas, había un dialogo, esa transmisión oral que poco a poco se ha ido diluyendo con la entrada de vehículos, de la radio, de la televisión que tiene en su mensaje esa fuerza global  de distorsionar el respeto de la palabra y cuesta reivindicarlo.
-¿Porque pensas que cuesta?
-Cuesta porque hemos perdido tiempo.  Pudimos disfrutar mucho la vida, sin embargo hemos renegado mucho por el pasado, por los malos gobiernos, por la impunidad que existe, por la falta de educación...Por todo eso que no deja de afectar a la cultura. Porque si nosotros tuviéramos gente con conciencia que maneje los hilos de la comunidad, los destinos de nuestro canto-cultura-patrimonio gente idónea, honesta capacitada en proyectarla. Pero tenemos un camino lleno de piedras, dudas como obstáculos.  Eso lo afecta.
-¿Cuál es el papel de los cantores populares dentro de este esquema?
-Los cantores no podemos estar exentos de lo que pasa en la sociedad. Uno no puede cantar a la sonrisa de una inocencia, a los ojos mansos de un niño y alabar esa pureza, sin pensar inmediatamente en su destino, en la situación que vive, en el camino duro que le toca vivir, como deberá enfrentar el desamparo moral que lo dejó a la intemperie. Entonces el cantor, el cantor que dice cosas reales, el que escribe no puede estar ajeno a este dolor.  De algo estoy seguro, que Lázaro Moreno siempre ha tenido el canto dispuesto para esa circunstancia, y lo lleva a todos lados. Me gusta como soy, mal engestado, áspero a veces, pero bien intencionado.
-¿Como te definís en el ritmo payadoril?
-Como un amante de la décima, un payador de la cuarteta y la octavilla, para cantarle a la gente que lucha detrás de una causa.  Eso hace que uno no baje la guardia.
-¿Cual es tu proyecto mas ansiado?
-Yo sueño con un proyecto en el que alguna vez los centros tradicionalistas del país armen una federación donde el gaucho sea respetado, donde el jinete sea protegido y el canto nativo sea difundido.  Donde no se explote al jinete colmando con 20.000 personas cada una de las 10 noches en Jesús María recaudando para ayuda de las cooperadoras escolares y no haya un modelo de escuela para mostrarle al mundo.  Donde se designe una persona para investigar donde se destina esa plata y se pregunte porque el jinete tiene que comer mal y dormir peor, siendo el “protagonista principal” del festival. El día que se tome conciencia, que se haga una agrupación seria ojalá no sea  tarde.
-Los cantores comprometidos con la palabra, a veces olvidan que deben  respetar el silencio, y vos venís de un tiempo y un lugar de silencio.
-Uno debe respetarlo siempre. En el canto uno debe amar la vida no por ser única, sino por ser irrepetible, la filosofía no es saber mucho sino haber vivido mucho, no de haber leído tanto sino testimoniar lo acontecido, experimentar los sucesos, haber amado y estar alejado de lo que se amó, y haberlo perdido .
-¿Cómo sentís el canto?
-.El canto siempre debe tener una mezcla de tierra, un mensaje de confraternidad, ser libertario y profundo, sensible.  Pero el canto se ha dañado, porque se ha dañado la palabra, la poesía, están heridas.  El payador es un accidente. La palabra debe ser incólume, intransferible e intransigente.  Por eso cuando uno canta, lo hace con la garganta herida. Claro,  para algunos es más fácil cantar porque se acomodan al lado del ganador.
-¿Como son tus comienzos?
-En mi pueblo se cantaba improvisando en otro ritmo y aprendí a cantar a la fuerza.  En la escuela ya improvisaba algunas cuartetas sin tocar la guitarra.  Recién la pude comprar en Añatuya. Con el esfuerzo de trampear solo.  El primer cuero era para mi mamá, el segundo para mi papá y el tercero para mí. Así mi papá pudo pagar $160, aunque no se si es exacta esa denominación, hace más o menos treinta años, era de marca “Romántica”.  Aprendí de una familia vecina Acuña.  Éramos ocho hermanos. El pueblo quedaba a 12 kilómetros, ahí nomás, para nosotros lejos.  Cuando un hombre anda en una zorra es lejos porque el camino es malo. Vendíamos carbón. Solo había más seguridad en la venta cuando íbamos a las casillas de los ferroviarios.  En Herrera justo cambiaba de maquinista el tren, entonces se renovaba el personal  y los que venían necesitaban carbón para hacer asado, además porque podían comprarlo. Sacá la cuenta que hoy en día sale $3 la bolsa, nosotros vendíamos unas quince bolsas, no era mucha plata, unos $45 apenas ¿Y que se podía comprar con eso para llenar diez bocas? Pero se tiraba. En ese tiempo la fiesta de Mailín, al no haber electricidad, bajo la enramada se cantaba, o en la fiesta del Señor de los Milagros había cantores para matar la noche bajo las enramadas de postes labrados de quebracho colorado.  Al ser reemplazados por cemento se le quitó la vida . Y digo  se cantaba en otro ritmo, por ejemplo en ritmo de chacarera:
Ahí anda Pablo Lozano
dicen que es buen payador
yo le puedo jugar gaucho
para ver cual es mejor.
Yo sé que se armó la banca
pues cualquiera copará
dice que es un sombrerudo
llamado Chito Guzmán,
lo desafío al Negro Blanco
porque me h’ai  ganar
Aunque sea mintiéndome
Por algo ha de concertar.
Chacarera tiempos idos
no sé si regresarán
te cuento Carlos Saravia
las cosas que allí vendrán. (Aplausos)
Perdón, esta era lo más difícil de improvisar porque te exige el ritmo. Vos no tienes tiempo a diferenciar las palabras, por eso tengo que equivocarme a sabiendas en tu apellido porque si decía Arancibia me sobraba una sílaba, en cambio en Saravia se hace más corta y viene el golpe.  Cuando se improvisaba la cuarteta común la segunda coincidía con la cuarta.  La más difícil de cantar es la redondilla que es la primera con la cuarta y la segunda con la tercera. Por ejemplo
Para vos, dulce Graciela
voy a cantar con el motivo
que sueño aquí en Oncativo
cuando pulso mi vihuela
“Conocernos”,”Conocernos”
es saber donde estamos
y que el sueño logramos
pa’ después no vernos más.
Si yo te hablo de mi Herrera
de mis tiempos que se han ido
que a veces están perdidos
y vuelven en chacareras,
como han sido las payadas
pa’mí una maravilla
Te hablo de estas redondillas
de otras épocas pasadas. (Aplausos)
La redondilla es difícil de improvisarla en ritmo de chacarera.  Para mí es más fácil improvisarla en ritmo de gato porque no me exige la rima, puedo hacer rimas asonantes y los verbos en infinitivos.
-¿Es mucho más fácil el ritmo que hace el payador surero?
-Sí, vos le pones guille en la quinta, séptima, y octava, no en la novena ni en la décima del verso, al final los aforismos.  Los remates los tienen los estudiosos, a eso se llama improvisación con ruido en la punta.  Adentro no tienen gente, al final te hacen un remate.  Esos son los que viven leyendo que es un desodorante. El  payador va creando una décima se va jugando, poniéndole un mundo adentro…  A ver elijan un tema cada uno de los presentes.
-(Entre  todos) pan casero, mate, yerba, muerte.
- En una cuarteta tengo que nombrar las cuatro palabras y sobrarme seis para decir lo que yo quiero.
Carlitos el pan casero
y un mate dijo Lozano
la yerba Graciela en mano
y un mateador es campero
la muerte mi compañero Ramos
no quiero cantar
porque vengo a encontrar
de la vida ese rescate
pan casero, yerba y mate
y ganas de improvisar. (Aplausos)
Es muy importante la práctica, se debe tener hilación, claro, que el payador de rimas de vaca con estaca hay en todos lados.  No se puede improvisar en mi menor porque después de 10 minutos te cansa, hay que hacer otras melodías en el canto. Yo no encontré otro cantor que improvise en ritmos de zamba, gato, tango o chacarera, tal vez porque primero debe estar puesta la melodía en el oído.
-Te he escuchado payar en ritmo de tango también.
-Claro si tomamos el tango “Mano a mano” por ejemplo en una décima tiene 5 rimas, 3 graves y 2 agudas:
Rechiflado en mi tristeza
hoy te evoco y veo que has sido
en tu pobre vida paria
 solo una buena mujer
Tu presencia de bacana
puso calor en mi nido
fuiste buena consecuente
y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie
como no podrás querer.

Ahora escuchá en la misma melodía, con alguna palabra de lo que aquí sucede, ver están entrando copleras de Orán.
Yo vengo de mi pueblo
que lleva de nombre Herrera
donde Carlitos un día
irá a probar el buen pan
que trabajan en las masas
esas viejas rosqueteras
y son igualito a ustedes
de vez en cuando copleras
aunque ellas no habían nacido
en la tierra de tu Orán. (Aplausos)
Recién escuchaba ahí afuera que muchos graban apenas empiezan, yo pienso que el cantor que no tiene tierra en la garganta nunca a tener el valor de convencer al pueblo. El soñador tiene mucho que ver con ellos, es un soñador de cultura.
 -Al ser quichuista también podes payar en la lengua
- Si, pero en quichua hay un problema de ritmo. Yo admiré mucho a alguien que no pude conocer Don Vicente Salto.  La traducción de una cuarteta te puede llevar a una octavilla, porque el quichua tiene mucha sentencia, que no la tiene la lengua española. Por ejemplo,Viracocha  dijo –“Chaupi punchaupi tutaiapashcan”- Esto quiere decir en castellano “En el medio día se me está haciendo la noche” porque le quitaron medio día de su vida. Es muy difícil en una sola frase dejar una sentencia de ese tono en el idioma castellano. El quichua es una lengua aglutinante y por lo tanto muy difícil conseguir  que una misma rima  sea casi igual para las dos lenguas.
-Te  quedaste pensando…
-Hace un rato un hombre me agradeció por ser payador y la señora agregó –Son los dinosaurios de la cultura-y claro que me dejó pensando Carlitos, porque creo que este arte no va a morir. Yo me tomo el trabajo de buscar la estructura de la versificación, dar charlas en las escuelas, tratar de ayudar a los chicos jóvenes que escriben, pienso que se pueden cambiar muchas cosas. Aunque el payador esté en decadencia, porque lo han usado mucho. Los que andan seguido por escenarios, no te voy a nombrar quien, dos o tres conocidos solo les interesa hacer rimas truchas y vender casetes truchos y no han leído ni el Patoruzito.  Eso le hace mal a la cultura de los payadores, a los que estamos en la brecha del rescate.  En estos encuentros siempre nos encontramos porque se nos dan el justo valor y estoy seguro que van a proliferarse más, pero me gustaría estar en encuentros de payadores, fíjate que los presidentes de los centros  tradicionalistas que se vanaglorian son los que menos han hecho para que estemos en las fiestas grandes donde seguimos eclipsados.
-Dejanos unas rimas para el estribo
Un cantor comprometido
cantar teme a la muerte
porque aprendió de Almafuerte
no entregarse ni aún vencido.
Puede el que no es precavido
tomar un rumbo extraviao
tantas veces ha pensado
cantar mintiendo es un fallo
no tiene rodilla el gallo
por no cantar arrodillao.
Ojalá que la vida, o no se quien empuja el viento nos dé la posibilidad de reencontrarnos.

                                                                                                      CARLOS ARANCIBIA


Fuente:http://www.folkloretradiciones.com.ar





domingo, 6 de enero de 2013

Uberfil Concepcion


Es Oriental oriundo de Migues departamento de Canelones, pero actualmente, vive en la Argentina.
“Toda mi vida fui payador, comencé a improvisar cuando tenía 14 años, en esa época no vivia del canto y la guitarra como vivo ahora”; pero “payadas y contrapuntos hicieron que me entregara por escenarios para actuar”.
Expresó que: “no hay diferencia entre los orientales y los argentinos, porque tenemos las mismas costumbres, las mismas cosas, si puede haber una diferencia de palabra. Pero en la payada no”.
Hace 22 años que viene a la Rural del Prado, cada año la “encuentra mejor, con payadores jóvenes y muy buenos”.
Respecto a la figura de la mujer como payadora declaró:
“los hombres las aceptamos, pero es muy dificil payar con ellas. Siempre va a tener razón la mujer.
A mi se me hace difícil porque me gusta el contrapunto fuerte; y hacerlo con una mujer no me ha dado resultado, porque no tengo palabras para decir en el momento, que este contra de la payadora”.
fuente:http://www.lr21.com.uy/comunidad/138081-uberfil-concepcion-contrapuntero-es-lo-mejor
“Comencé con el arte de payar en Uruguay, hace 45 años. Aprendí de payadores viejos como Héctor Gutiérrez, quien supo venir en algunas oportunidades a Diamante”, cuenta Ubefil. Y explica que el payador improvisa y “en los floreos detalla lo que ve antes y después de cada monta”. Además “se saluda a los amigos, se nombra a la gente que uno ve en el campo y también hay que saber de jineteada”, remarca don Concepción. 

“Hace 30 años que floreo y tengo otros 15 en los que anduve cantando milongas criollas y haciendo contrapuntos con distintos payadores”, precisa. 

Reconoce que el Tape Chaná, el payador que lo acompaña en cada noche diamantina, “conoce más detalles que yo sobre basto y encimera porque fue jinete de joven”. Recuerda que también supo montar alguna vez en tierra uruguaya, “pero allá el pihuelo, –que es la pieza metálica que sujeta y de donde giran las rodajas de la espuela– es largo y aquí corto y, en la categoría basto, en Uruguay se encilla con recado completo y acá es pelado nomás”, detalla. 

Ubefil narra que en épocas de San Martín y Artigas los payadores eran los periodistas que cantaban noticias de pueblo en pueblo. “San Martín lo tuvo a Falucho y Artigas a Joaquín El Negro Lencina, que según cuentan fue el primer payador”, informa el hombre de 66 años. Y cuenta que todos los fines de semana está en algún festival. 

Con orgullo afirma que en los últimos 20 años recorrió de punta a punta el país. “Me faltaría San Juan y Catamarca para haber cantado en todo el país”, apunta. Y sostiene que Diamante tiene uno de los mejores festivales del país. “Dicen que el mejor es Jesús María, pero no se parece en nada al de Diamante. Acá se eligen las tropillas, se convoca a los mejores jinetes y tiene el folclore de la gente de Entre Ríos. Diría que en Diamante está todo lo que quisiera otra fiesta y no puede tener”, expresa.
fuente:http://www.diamantedigital.com.ar/novedad/articulo/894/UBERFIL_CONCEPCION_AFIRMA_QUE_RECORRIO_LA_ARGENTINA_%E2%80%9CFLOREANDO%E2%80%9D_.html


miércoles, 26 de diciembre de 2012

El "Tape Chanà"

Hugo Izaguirre (Tape Chanà), nacio en Mercedes Republica Oriental Del Uruguay, Empezo con esto como a los 13 años cuando vino a la República Argentina, anduvo por la provincia de Buenos Aires pero después se radico definitivamente en Entre Rios.
El Tape como ginete fue uno de los mas grandes , logrando premios nacionales e internacionales y 
en el arte del payador el Tape es uno de los mas reconocidos a nivel pais, siendo animador de grandes festivales.





 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 



miércoles, 21 de noviembre de 2012

El payador Santos Vega


Gaucho el mundo me ha nombrado,
y me arranca de su seno
como planta de veneno
que mata al que la ha pisado;
canalla en fin me ha llamado
con toda indignación,
y en toda la creación,
con mi angustia y con mi vida
no tengo ya mas cabida
que en mi propio corazón.
“Lázaro” – R. Gutiérrez


Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre este sombrío trovador, cuya tradición no morirá nunca en la asombrosa memoria de nuestros gauchos.
Sus trovas más sentidas y sus más tristes décimas se sienten en la campañ a, allí donde suena una guitarra, habiendo sido citadas muchas de ellas por nuestros más eminentes poetas, como un modelo clásico de sentimiento y de arte.
Tan asombrosa ha sido la existencia de aquel ser desventurado y fuerte, tan soberbias las prendas de su corazón, que muchos han llegado a sostener que Santos Vega era un ser fantástico a quien se le atribuía todo lo bueno y anónimo de nuestra poesía gaucha.
Y, sin embargo, nada más cierto que la existencia de aquel hombre extraordinario, cuya vida fue un cúmulo de desventuras, muchas de ellas terriblemente trágicas, como la muerte de su querido Carmona, pérdida que lloró hasta que la muerte batió sus alas sobre su hermosa cabeza.
Santos Vega vivía sufriendo y cantando.
Sufriendo, porque según él decía, para sufrir había venido al mundo; cantando porque el canto era el medio de manifestación de su alma artística.
Cuentan que cuando Santos Vega cantaba, se conmovía de una manera poderosa, enterneciendo a sus oyentes hasta las lágrimas, no sólo por sus trovas, llenas de sentimiento, cuanto por su voz poderosa y sollozante, que conmovía como un lamento.
La guitarra, bajo la presión de sus dedos, rendía admirablemente toda la melancolía de que estaba impregnado su espíritu, explicándose sólo así que con su canto, Vega tuviese entretenidos, días y noches, a todos los vecinos de un partido, que como a una feria y fiesta extraordinaria, caían hasta con caballos de tiro a la pulpería o la estancia donde se decía estaba don Santos.
Al principio de su popularidad, Santos Vega era sólo conocido por el payador invencible, pues no había hallado competidor en sus célebres payadas de tres o cuatro días con sus correspondientes noches, tiempo en que vencía a todos los payadores de monta que se le iban presentando.
Pero desde la muerte de Carmona, sus cantos cambiaron como cambió su carácter.
De alegre se volvió sombrío, y sus payadas se convirtieron en las tristes décimas que todos conocen y que hemos recogido nosotros de la memoria de algunos paisanos viejos que lo conocieron y payaron con él.
Santos Vega era un hombre superior por todas las condiciones de su carácter.
Poseía un corazón esencialmente artístico y conocía que su esfera de acción no era el fogón de los ranchos, ni la cocina de los peones en las estancias. El había tratado de acercarse a sus patrones y alternar con ellos: los ojos de más de una hermosa mujer habían sido la inspiración de sus trovas, pero se había sentido despreciado por los primeros, que lo trataron como a un peón ruin, y halló que las segundas ocultaban como cosa vergonzosa el afecto que les había inspirado o la impresión que sintieron escuchando sus amorosas décimas.
Y es que Santos Vega cargaba con el terrible anatema de ser gaucho, como si en aquella raza sencilla e inteligente no se hallaran los caracteres más nobles y los corazones más intrépidos.
Si actualmente el gaucho es perseguido por el solo delito de ser gaucho, calculen ustedes lo que sucedería en el año 1820, época de la que arranca nuestro relato.
Hoy el gaucho es un elemento electoral que se lleva a los comicios, intimado por el sable del comandante militar y la amenaza del juez de paz, verdadero señor de vidas y haciendas.
Su derecho no alcanza ni aun siquiera a tener una opinión, ni a dejar de tenerla, pues tiene que opinar siempre como se lo manda el comandante militar, árbitro del partido.
Su misión sobre la tierra se reduce a votar en las elecciones y ocupar su puesto de carne de cañón en los cuerpos de línea que guarnecen la frontera.
Para esto sobran motivos, y hasta lo es suficiente y grave, tener una mujer o hija hermosa cuyo honor pretende hacer respetar, o haber negado al juez de paz su mejor parejero o su vaca más lechera.
Este es un crimen monstruoso, es la violación de los derechos que posee cualquier animal en la tierra, pero, ¿qué importa?
El gaucho no es ni siquiera un animal: es una propiedad del juez de paz del partido.
Y tan habituado está a esta existencia miserable, que no se queja, pues sabe que su palabra sólo servirá para enconar contra él a la justicia.
A veces sólo toma el camino de la venganza, como preferible al del suicidio.
Para él toda equidad y justicia ha desaparecido.
Si se bate en duelo leal, con todas las reglas de ese acto y da muerte a su adversario, siempre es un homicida asesino para quien se abre la puerta de la cárcel o del cuartel, mientras este género de duelo no está calificado ni penado así para el que no es un gaucho.
Si se suele embriagar por humorada, va al cepo de cabeza, y si protesta va a los cuerpos de línea; mientras que el mismo que lo condena de aquella manera inicua, está ebrio hasta no poder tenerse en pie.
El calificativo de gaucho, como palabra de desprecio, hiere sin cesar sus oídos, mientras lleva una eterna paliza suspendida sobre su cabeza.
Así aquel tipo nacido para el arte, como Santos Vega, va juntando en su corazón todo el odio que a él arrojan los que se creen sus superiores, hasta que se lanza al camino de la venganza, pues los del honor le están cerrados y el del crimen le repugna.
La palabra “justicia” suena para él como la de suprema desventura, pues ella representa el azote de toda su vida.
Y es contra la justicia que se lanza implacablemente, pues su venganza importa la de toda su raza.
El trabajo desaparece para él, no lo halla en ninguna parte.
Se encuentra miserable y proscripto en su propia tierra, y es entonces que toma la guitarra y exhala su queja en inspirada décima. Para él, combatir importa vivir.
Sabe que no tiene más amparo, ni más derecho, ni más razón que los que puede darle la punta de su puñal; y entonces ¡ay del que se ponga a su alcance!
Los cuerpos de línea están llenos de historias tristes.
En ellos, y por los delitos que hemos mencionado más arriba, han entrado gauchos jóvenes, llenos de vida, fuertes como unos hércules y bravos como unos leones.
Y estos hombres, para quienes la vida sonríe con todos sus encantos, han salido con la barba y la cabeza blancas, viejos, decrépitos, con los músculos destrozados por el cepo colombiano y la frente bordada de hachazos recibidos en el cuartel.
Han sido dados de baja por inútiles y porque no valen la ración que casi nunca se les da.
Y ¿para qué sirve esa libertad que se les otorga como una gracia a la puerta de la tumba?
Ella sirve para que el gaucho apure la última y más formidable desventura de la vida.
La de ver su hogar desquiciado, saber que su mujer ha muerto de miseria, que sus hijos han seguido el camino del vicio; y el mayor de sus hijos, aquel en quien cifraba todas sus esperanzas, ha ido a morir en un presidio después de haber recorrido palmo a palmo el camino del crimen.
Y, si este hombre desesperado, da una puñalada como débil desquite al infierno que se le ha hecho apurar, la justicia volverá a ensañarse con él, convirtiendo en un nuevo infierno los pocos días que le quedan de vida.
Y si esto sucede hoy en día, si aún vemos decretos del gobierno mandando remontar los cuerpos de línea con los gauchos que no votan con el juez de paz, ¡calcule el lector lo que sucedería el año 1820!
Entonces no había como hoy un ejército de línea donde destinarlos, pues el ejército, que guarnecía la frontera, era todo de gauchos, y gauchos impagos, que no recibían ración ni uniforme, y que eran licenciados después de dos o tres años de constante servicio.
¡Y este ser extraordinario nunca se queja!
Después de una patriada donde ha dejado un jirón de su carne en cada batalla, vuelve a su pago contento como quien regresa de una fiesta, sin acordarse de la pasada fatiga, ni aun de los sueldos que le debe el gobierno.
Ha cumplido con su deber de soldado, de hijo del país, como él dice, y se da por satisfecho contando a su familia, al amor de la lumbre, las fatigas de las batallas.
Nunca tiene una frase para ponderarse a sí mismo, pues todas sus ponderaciones son pocas para tributarlas al comandante o a su capitán, mozos más o menos lindos, cuyo valor daba coraje.
Y es en ese hombre abnegado y noble en quien se ceba la justicia de paz, hasta el extremo de convertirlo en un mártir o en un bandido.
A pesar de haber sido tachados de defensores del crimen, hemos levantado más de una vez nuestra débil voz en defensa del gaucho de nuestra pampa, porque lo hemos conocido de cerca y hemos podido apreciar las raras prendas de su corazón y el temple formidable de su alma.
Y hemos visto, entristecidos, que el paisano era un hombre destituido de todo derecho y de toda voluntad, sin otra defensa que abatir humildemente la cabeza y sufrir el martirio a que ha sido condenada su raza, o alzarse como Moreira contra la justicia, y morir de una manera fantástica, después de haber postrado a sus pies a todo representante de ella, que se puso al alcance de su daga.
Y Santos Vega venía a la vida con aquella herencia terrible que lleva el gaucho en su nombre.
Había luchado todo lo que le había sido posible, hasta que se entregó a seguir su destino, como quiera que viviese. Al principio había tratado de huir del fogón del rancho, pues se había sentido un ser superior y comprendía que aquel no era su centro.
Pero ya lo hemos dicho: se había sentido despreciar en todas partes, hasta por los mismos que él veía cautivos con su canto, sin otra razón que la supremacía del dinero.
El no tenía más fortuna que su guitarra, su daga y un par de caballos; y con semejante bagaje no se podía aspirar a alternar en la sociedad de la gente rica.
Las prendas de su corazón no valían nada, ni nada valía su espíritu esencialmente artístico.
En su tirador no había onzas de oro ni reguera de patacones; en su apero no se veía ni una sola virola de plata, y con esto no se puede dejar de ser un perdido vagabundo.
Santos Vega vio todo esto y se refugió en su corazón donde juntó una buena dosis de odio y desprecio a los que así lo habían tratado.
Santos Vega concurrió desde entonces al fogón y a la pulpería, cantando las amarguras de su vida en famosas payadas, la mayor parte de las cuales viven hoy mismo en la memoria de los paisanos.
De cuando en cuando solía preludiar un estilo y cantar un triste.
Entonces puede decirse que toda su alma se volcaba en su canto enamorado, dejando entrever el lamento de una pasión desgraciada.
Y es que Santos Vega había amado con toda la intensidad de su alma ardiente; pero según se desprendía de su canto, la jerarquía del dinero lo había apartado de la mujer querida, en cuyo amor había soñado por un momento mitigar la orfandad de afectos en que había vivido.
Los favores que en su esfera había prestado, habían sido pagados con el desprecio y el olvido.
Juan María Gutiérrez (1809-1878)
Pelicula completa


martes, 20 de noviembre de 2012

Payada

La payada es una forma poética de improvisación propia de la pampa argentina (aunque
disciplinas similares se registran en Chile, Uruguay y, en menor medida, en Brasil). Tiene dos
variantes principales, una es la improvisación individual donde el cantante, llamado payador,
improvisa acompañándose con su guitarra, sobre temas universales o aquellos que le son
propuestos por su auditorio. La otra es la payada de contrapunto que consiste en una suerte de
duelo poético que sostienen dos contrincantes, con acompañamiento de guitarra. El primero de
los contrincantes propone el tema general de la payada y el esquema métrico al que debe ceñirse
(suelen ser octosílabos combinados en cuartetas y décimas). El segundo, que acepta el desafío,
realiza una breve exposición del asunto y la cierra provocando a su contrincante con alguna
pregunta de difícil resolución poética. A partir de aquí el duelo se extiende indefinidamente,
hasta que alguno de los dos payadores no pueda responder inmediatamente cuando le llega su
turno.
El término “payada” proviene de la voz popular que designa al campesino: “paya” o
“payuca”. Su antecedente directo se encuentra en las pujas verbales de los gauchos que se
encontraban en las pulperías y que se medían para demostrar quien superaba al otro en ingenio y
rapidez. Eran, además de un entretenimiento, un índice de prestigio social y el gaucho payador
que era vencido con la guitarra se encontraba obligado a limpiar su honor en duelo de cuchillo.

LA DÉCIMA:
Es una estrofa, culta y compleja, de diez versos octosílabos y de rima consonante en los versos 1-4-5; 2-3; 6-7-10 y 8-9. Su contenido exige punto, dos puntos o por lo menos punto y coma al terminar el cuarto verso. El tema se presenta en los primeros cuatro versos y se desarrolla en los seis restantes; el pensamiento contenido en la estrofa debe concluir en el décimo verso.
En el trabajo de Brígido Redondo, destacado investigador y renombrado poeta mexicano dedicado al estudio de la décima, encontramos que sus orígenes se remontan al año 850 en la poesía musulmana; en España aparece en romances previos al de Rodrigo Díaz de Vivar (1140); en la literatura gallego-portuguesa esta estrofa se encuentra en compilaciones de 1280. Si nos detenemos en España, encontramos que la obra del Rey Alfonso X (1221-1284) “afirmó lengua de Castilla como lengua poética”, afianzando también la décima que nutrirá a la generación de poetas españoles del Siglo XIV. Pasamos así por numerosos escritores, llegando al siglo XVI y XVII donde encontramos esta estrofa –ya con la forma definitiva que le otorga don Vicente Espinel- en Lope de Vega, Tirso de Molina o Calderón de la Barca.
Con la colonización de América y su transculturación la décima se expande por todo el Nuevo Continente. En la Argentina las más antiguas que se conservan están dedicadas al Virrey Liniers.
La payada, surgida en las postrimerías del virreinato, se agigantó durante la epopeya de la emancipación, para declinar durante la época de Rosas, al menos en la ciudad de Buenos Aires.

Payadores de mi Tierra


sábado, 17 de noviembre de 2012

Jose Curbelo


Sus padres eran “renteros”,lo que en Argentina llamariamos “arrendatarios”,desde niño conoce todas las labores del campo.Desfilan por la memoria de su infancia “El galpón de los troperos” con los cuentos y aventuras que describe un tío,”el gaucho solo”,cuando pasaban por la pulperia Robaina,última parada de las tropas con rumbo a La Tablada.Ya en la escuela ,una guitarrita de cuerdas de goma sera su mejor juguete y es un librito de compuestos de Evaristo BARRIOS el que le muestra que los versos y estrofas no son todos iguales.Descubre asi cuartetas,sextillas,octavas y decimas que serán con el andar del tiempo,armas muy bien manejadas por este esgrimista de la improvisacion., En 1955 se realiza en Uruguay la “Cruzada Gaucha”,movimiento que dio una fuerza inusitada al canto payadoril.Luis Alberto MARTINEZ,Carlos MOLINA,Hector UMPIERREZ,Raul MONTAÑEZ,Clodomiro PEREZ y Pelegrino TORRES eran los idolos del momento.Curbelito los escucha en casa de algun vecino con radio,viejas radios a bateria recargadas con algun molinillo.
El “Bebe” MOREIRA sera su primer maestro en la guitarra,pero como el mismo Curbelo señala,”Cona la guitarra venian las ideas,MOREIRA era muy querido en el pago,pero a la vez muy resitido por sus ideas,revolucionarias para la época”
A los catorce años hace el primer contrapunto de su vida con Ramon ARISTEGUY, y sera gabino SOSA,el primer payador profesional que se topa con el joven adolescente.Gabino lo prueba y lo zarandea por diversos temas para ver cuanto de lo que tiene es de “bolsillo” y cuanto es improvisacion pura,pero Curbelo pasa ampliamente la prueba,asi comienzan mas de tres decadas dedicados al payador.-
Larga es la lista de los payadores que fueron ocasionales compañeros de contrapunto,practicamente han sido casi todos los que estaban en actividad en ambas margenes del Rio de la Plata.
Curbelo,ademas transita escenarios inusuales.
Un circo,el Hospital BORDA,la carcel,convenciones de psicologos,universidades,colegisos primarios y secundarios,jineteadas y festivales,o una reunion con nada menos que con Maria Elena WALSH o con empresarios que descreen del canto improvisado.Realizo giras por la campaña Oriental,Chile,Brasil y Puerto Rico e inumerables grabaciones,ademas de asiduo actor en radio,television y en videos.Gestor junto a Victor DI SANTO del “Dia del Payador” (23 de julio de cada año)Junto al sampedrino Roberto AYRALA formaron una yunta que populariso al payador en los medios masivos que no eran de facil acceso.
En diciembre de 2006 concurrio a Tres Arroyos para participar del acto de inauguracion del “Monumento al Payador y al Resero”

Los Payadores


“El payador es un poeta repentista que canta en forma individual, sobre temas propuestos por el auditorio, o en contrapunto con otro, pudiéndose referir ambos al mismo asunto- solicitado previamente- y, también, formulándose en forma reciproca, preguntas que deben ser contestadas en verso.
En el complejo arte del payador hay una estricta metodología del quehacer oral en la que se fusionan: mensaje, canto y música. Otros dos elementos la completan y caracterizan: el metro de los versos y la rima empleada.
Para estructurar su mensaje el payador debe tener condiciones intelectuales innatas: básicamente inspiración poética y agilidad mental. A ellas tiene que sumarle sus actitudes de cantor, para volcar oralmente los frutos de su improvisación, y ejecutar adecuadamente su guitarra, que le sirve de acompañamiento, tanto en la parte musical, como de apoyo en la medida de sus versos. En cuanto al metro, los payadores prefirieron el octosílabo, desde los precursores hasta los actuales sostenedores del canto improvisado.
“El canto del payador estuvo siempre identificado con su entorno, tanto para referirse a un episodio épico, como a una efusión lírica. Además, recibió el mandato de Hernández quien en su “Martín Fierro”, estableció el norte del mensaje, al pedir: “…pero yo canto opinando que es mi modo de cantar”.
Los mas conspicuos payadores eran de origen humilde y los temas se relacionaban con los problemas de los obreros o de aquellos que pasaba necesidades.
Uno de los mas conocidos payadores que vivieron en Boedo fue Julián Martín Castro, nacido en Merlo en 1882 y fallecido en 1971. Por el año 1925, Castro canto en la “Glorieta de Aulita”, en Carlos Calvo y cuyo dueño, un tal Angelito, era amigo de Pedro Bidegain, que acudía a escuchar al payador. En algún momento Castro canto en el barrio con la compañía del payador argentino Luis Acosta García y con el uruguayo Juan Pedro López. Entre otro temas, se le escuchaba cantar aquello de.
“Hombre que te degeneras
al pie de los mostradores,
y gastándote en licores
el fruto de tu sudor…”
Pero lo curioso del caso, es que los parroquianos, después de aplaudir estos versos, pedían “Otra vuelta de tinto…”
Otro payador de renombre fue Enrique Alberto, “Pincha-Pincha” “improvisaba en serio y en cocoliche- decía Silvestre Otazú- y por su gracia hizo reír a todo Boedo. Se cuenta, por ejemplo, que un día iba a la casa de un amigo y tomo un tranvía en Constitución. Estuvo improvisando en el vehículo hasta llegar al barrio, con una sola rima. Los temas eran los que iban presentando desde mas allá de las ventanillas del tranvía.
El mas conocido de los payadores de Boedo fue Don Federico Curlando durante las primeras décadas del siglo. Actuaba en la “Glorieta de don Luis”, en Boedo, entre Independencia y Estados Unidos, donde se había instalado un pequeño tablado para que se lucieran payadores y cantores de tango. Este cantor popular payó en un local llamado “Café Río de Oro”, en Carlos Calvo y Boedo, por el año 1914. Se lo recordaba todavía en 1951 por que en las revistas especializadas se seguían reproduciendo sus composiciones, recogidas en tres libros que gozaron del favor del público: “Chispas azules”, “Flores silvestres” y “Cadencias salvajes”. Este payador vivió en San Juan 2718 y falleció en 1922.
Sin ser precisamente vecino de Boedo ya que nació en Quintino Bocayuva 539, el famoso payador José Betinoti actuó en muchos lugares del barrio, tan propicio a sus payadas, que le dieron imperecedera trascendencia.
Don Generoso Dámato fue otro buen payador, y se lo podía escuchar en la “Glotrietade Don Luis”, así como en el “Almacén de Brenta” junto con el correntino Igarzabal y el moreno Luis García Morel, considerado invencible en aquella época.

El escritor Alvaro Yunque, en un articulo periodístico, aportó una lista de los payadores de aquel tiempo, de los cuales, la mayoría actuó en Boedo: Gabino Ezeiza, Pablo Vazquez, juan navas, José Betinoti, Luis Acosta Garcia, federico Curlando, Generoso Dámato, José Agustín Dillón, Antonio Caggiano, Donato Sierra Gorosito, Cayetano Daglio (“Pachequito”), Ambrosio del Río, Martín Castro, Juan Fulginitti, Francisco Bianco, Manuel Cientoforte, Silverio Manco, Félix Hidalgo y Andrés Cepeda. .

Don Luis Acosta García


Nació en la ciudad de Cnel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1895,siendo sus padres Luis Acosta y Juana Garcia. y desde joven trabajó en tareas rurales, desempeñándose como boyero para llegar luego, ya crecido, a tropero.
Su vida errante lo acercó a muchos circos que recorrían los pueblos provincianos, donde desempeño tras largo aprendizaje el rol de payaso,haciendo popular en la campaña un personajes conocido como el Payaso “Peres-Gil”,seudonimo que el publico transformo en “Perejil”,ademas actuó como guitarrero, cantor y payador. Su fama lo acercó a Buenos Aires,su debut se produjo en los ultimos meses de 1919, hay un registro del 17 de noviembre de ese año actuando en el Parque Goal,en beneficio del Payador Ambrosio Rios,junto a Davantes,Sierra,Gorosito y Boris entre otros. Allí se entreveró con los mejores de su tiempo, especialmente Evaristo Barrios, con quien sostuvo contrapuntos que provocaron entusiasmo y hasta rivalidades entre el público concurrente. Alrededor de 1920 formó dúo con el payador Lorenzo Orlandi,incorporandose luego su compañera Estela Correa,conjunto que se popularizó con el nombre de “Los Ultimos gauchos”.Posteriormente al desvincularse Orlandi,ocupó su lugar Juan B. Fulginiti.Acosta Garcia si bien fué considerado un payador de excelentes condiciones,ejerció poco esos dones naturales.La predica social y el canto concientizado fué su principal tematica.Es tambien autor de la letra del tango “Dios te salve m´hijo”,al cual pusieron musica Agustin Magaldi y Pedro Noda. Parte de sus payadas fueron recopiladas y publicadas por Francisco N. Blanco, en fecha imposible de precisar, pero que fueron recatadas del olvido por el recitador Fernando Ochoa. Joven y con promisorio porvenir Acosta García falleció en Rosario el 31 de diciembre de 1933,en su domicilio de Constitucion 1266,victima de un sincope cardiaco,segun certificado medico expedido por el Dr A.Solis.
Fuente:http://wwwlacasadelpayador.blogspot.com

Canto Sur (A Don Luis Acosta Garcia)

Anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedo
forastero en todas partes, destino de trovador.
Un dia le pidio al viento que lo hiciera payador
y el viejo viento surero los secretos le enseño,
y le lleno la guitarrra de cantos en “Mi” menor.
Bajo el ombu solitario como un gaucho meditó;
probo su voz en la Cifra, el Rasguido se encendio’;
en la Milonga Surera serios asuntos trato’,
y alzando poncho y viguela de su rancho se alejo’,
y anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedo’.
Le fue creciendo la fama de Dorrego a Realico’,
de Bahia a Santa Rosa; del Bragado al Pehuajo’,
paso por Pergamino, alla por el veintidos,
cruzo la tierra entrerriana con rumbo al Huayquillaro’,
tal vez pa’ pitarse un chala bajo los ceibos en flor,
y anduvo de pago en pago, y en ninguno se quedo’.
Tanto torearlo al destino, el destino lo “pialo’”.
Volvia buscando pampa, como vuelve un trovador,
contemplando las gramillas, por esos campos de Dios,
volvia buscando pampa, como vuelve un trovador,
rico de lindas riquezas: guitarra, amigos, cancion.
En la mitad del camino se le canso’ el corazon
y entro de golpe al silencio, y el silencio lo tapo’.
Lo mentaron algun tiempo el Peon, el Estibador,
el Hombre de Siete Oficios, los paisanos del Fronton,
y como la vida tiene su ley y su “sinrazon”,
le fue llegando el olvido, y el olvido lo tapo’.
Don Luis Acosta Garcia se llamaba el payador,
hombre nacido en Dorrego y que mucho trajino’,
Hombre de lindas riquezas: guitarra, amigos, cancion
Don Luis Acosta Garcia: lindo nombre pa’ un cantor!
que anduvo de pago en pago y en ninguno se quedo’.