Por Leandro Vesco / Fotos Juan Carlos Casas
“No entiendo a la gente que vive en la ciudad”, reflexiona Raúl Felipe Barragan, desde su guarida feliz de Cura Malal, partido de Coronel Suárez, un pueblo con 100 habitantes. Barragán está casado hace 50 años con Gregoria Feliciana Silvera. Tuvieron el primero de sus once hijos en tiempos en donde era posible alzar la mirada y abrazar una esperanza. Se conocieron en un baile y enseguida el amor los unió. El cielo sureño les guiñó el ojo.
“Estábamos separados arroyo de por medio”, cuenta don Raúl al referirse al Sauce Corto, un obstáculo natural que pronto lo superó. “Noviamos tres meses, nos casamos y la llevé a vivir a las sierras”. Barragan comenzó a trabajar a los doce años, sin vueltas y sin miedo, con la vista al frente.
“Siempre me gustó la soledad. Entrabas a la estancia y te hacías solo. Mirando aprendí todo, nadie me enseñó nada”, cuenta con naturalidad. “Te hacías hombre de un porrazo, pero te hacías”. Toda su vida la pasó entre las sierras, esa presencia inmutable y contenedora que se comunica en voz baja para quienes saben oír la señal telúrica que moviliza sentidos.
La estancia de la Familia Tornquist fue el lugar en donde se desarrolló; aquí tuvo a sus hijos y el campo le dio todo. “Una vez vendí un Chevrolet y me dieron diez hectáreas, al menos tuve algo mío”, dice, tierno. Entonces el trabajo era de sol a sol y en el puesto su familia creció feliz. Nunca les faltó nada, y la vida serrana lo llevó por huellas insospechadas. Anudando el alma bordeaba por los cerros, llevando ganado, atravesando horizontes, durmiendo en la soledad bajo el manto celestial.
Por esto dice que no entiende a la gente que vive en la ciudad. Porque recuerda aquellos días en donde las jornadas se contaban por las leguas que podía hacer un caballo. “Antes no había maldad en la gente, en la estancia el mayordomo estaba atento a todo, cuando estaba por nacer un hijo, la llevaban a tu mujer y unos días después aparecía con el hijo. El mayordomo se encargaba de todo, y uno se tenía que quedar trabajando”.
Mira a Gregoria, que afirma estoica, segura y orgullosa de haber pasado esa vida con este hombre en aquellas condiciones. “Había mucha libertad, era todo muy lindo”, rememora. Barragán ceba unos amargos y con una mirada cómplice, le da un mate. Esta clase de amor tiene raíz en las infinitas noches serranas donde la luna baja a mojar su resplandor en los arroyos de aguas mansas y cristalinas.
Las vueltas de la vida lo llevaron a hacer circo en Azul junto a un joven actor que prometía: Norman Briski. De grande supo que la mujer a la que toda la vida había llamado mamá, no lo fue: su verdadera madre murió a los pocos meses de nacer. “Las cosas sucedieron así, cómo voy a enojarme si me dieron tanto amor”.
Barragán parece una estatua viviente de la criollez, la horma con la que fueron hechos estos hombres ya no existe más. Ameno y solitario, su mirada se pierde en el recuerdo de aquellos años de andar por los caminos. La vida le ha dado un regalo: uno de sus hijos trabaja en la misma estancia y en el mismo puesto en el que trabajó él. “Extraño andar a caballo, un día de estos monto y Dios dirá”, dice. Al despedirnos, susurra un secreto: “Sueño con que las sierras se arrimen”. Acaso para oír nuevamente ese lenguaje encantado y suave con el que se comunican las montañas.
fuente:http://elfederal.com.ar
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lunes, 25 de mayo de 2015
jueves, 6 de diciembre de 2012
6 De Diciembre "Dia Nacional Del Gaucho"
Se festeja el 6 de Diciembre, dado que en esa fecha del año 1872 apareció publicada en forma rústica la primera edición de "El Gaucho Martín Fierro", escrito por José Rafael Hernández, primera parte de la obra literaria mas importante de nuestra nacionalidad, conocida como "La Ida", ya que su segunda parte, aparecida en 1879 se tituló "La Vuelta de Martín Fierro".
El Gaucho es, sin dudas, el arquetipo de nuestra nacionalidad, y José Hernández, quien lo puso en la consideración del pueblo de su patria, la que el conquisto a pata de caballo y defendió con su vida. Por eso el 6 de Diciembre se recuerda su gesta y su impronta, para tratar de recobrar un poco de sus valores y de aquello que llevó, allá por el ochocientos, a ser distinto de sus antecesores y diferente a cualquier otro habitante de la tierra. En ese tiempo y espacio en que se consolidó como forjador de nuestra Identidad Nacional. Rescatemos del Gaucho, su predisposición a brindarse al prójimo, su estar siempre dispuesto sin esperar nada a cambio, su vocación por la libertad, su hidalguía, su valentía en las luchas de independencia...
Recordemos al Gaucho, que recordándolo nos reencontraremos con nuestras raíces y nuestra propia identidad nacional. Feliz Día del Gaucho para Todos
El Gaucho Argentino
Aunque se la utilizó en todo el río de la Plata - y aún en Brasil - no existe absoluta certeza sobre el origen de la palabra gaucho.
Es probable que el vocablo quichua huachu (huérfano, vagabundo) haya sido transformado por los colonizadores españoles utilizándose para llamar gauchos a los vagabundos y guachos a los huérfanos.
También existe la hipótesis de que los criollos y mestizos comenzaron a pronunciar así (gaucho) la palabra chaucho, introducida por los españoles como una forma modificada del vocablo chaouch, que en árabe significa arreador de animales.
La denominación se aplicó generalmente al elemento criollo (hijos de españoles) o mestizo (hijos de españoles con indígenas), aunque sin sentido racial sino étnico ya que también fueron gauchos los hijos de los inmigrantes europeos, los negros y los mulatos que aceptaron su clase de vida.
El ambiente del gaucho fue la llanura que se extiende desde la Patagonia hasta los confines orientales de Argentina, llegando hasta el Estado de Rio Grande del Sur, en Brasil (gaúcho).
El proceso evolutivo del gaucho y el uso de esa palabra se desarrolló sin solución de continuidad. Distintos tipos degaucho existieron en Argentina antes de 1810, es decir antes de ser conocidos con ese nombre. Peones de campo existieron desde que comenzaron a formarse las primeras estancias, aunque hayan sido pocas al principio. El tercer tipo - que luego se llamó gaucho alzado - existió en reducido número. Pero no fueron los primitivos peones ni los "fuera de la ley" quienes le dieron la característica suficientemente fuerte para llamar la atención.
Es indudable que el tipo de gaucho que tuvo realmente fisonomía peculiar - el primero que fue llamado así - fue el gaucho nómada, no delincuente, que estuvo implícito en el gauderío oriental del s. XVIII. Este gaucho fue algo más que un simple vagabundo. Adquirió en la Argentina, a lo largo del s. XIX rasgos propios bien definidos. Y cuando se difundió suficientemente - es decir, a medida que fue creciendo la población rural - fue llamado gaucho, como también se había llamado al paisano oriental del s. XVIII.
Hábiles jinetes y criadores de ganado, se caracterizaron por su destreza física, su altivez, su carácter reservado y melancólico.
Casi todas las faenas eran realizadas a caballo, animal que constituyó su mejor compañero y toda su riqueza. El lanzamiento del lazo, la doma y el rodeo de hacienda, las travesías, eran realizados por estos jinetes, que hacían del caballo su mejor instrumento; en el caballo criollo no sólo cumplía las faenas cotidianas sino que con él participó en las luchas por la independencia, inmortalizando su nombre con las centauras legiones de Güemes.
Fue el hombre de nuestro campo, principal escenario de su vida legendaria y real. De vida solitaria ya en grupos de tiendas, como las tribus nómades ya en racheríos aislados como en la pampa sureña.
Las bombachas
Habrían hecho su aparición por estas tierras alrededor del año 1843, desde su probable lugar de origen, Turquía.
En la campaña de la provincia de Buenos Aires y, en general, en la zona pampeana, se usó siempre la de "dos paños", sensiblemente más angosta que la que, por ejemplo, se utilizaba en Entre Ríos. Los gustos preferidos para la tela eran gris mezclilla oscuro, sufrido; el negro; el "bataraz" o "pied de pule"; y, más tarde, el "gabardina".
La Rastra
Es el broche o hebilla que se utiliza para unir los dos extremos del cinto.Las más antiguas son de plata cincelada, con un diámetro de entre 9 y 11 cm. Los tiros, cadenas o chapones son cortos, prestando al todo de la rastra un aspecto de pieza ajustada y compacta, acentuado por el empleo de grandes botones o monedas. Hoy es esencialmente decorativa.
El poncho
Una hipótesis de algunos lingüístas sobre la palabra poncho la ubica dentro del área de habla araucana (pontro) sería un préstamo para nombrar a la prenda de tejido típicamente andina. Se tiene noticia de su uso por los indios (Picunches y Sanquelches) hacia fines del siglo XVIII y fue prenda imprescindible en el territorio del Río de la Plata. Otros autores descartan el origen americano del poncho y le atribuyen procedencia peninsular, particularmente como voz de léxico de la marinería española del Mediterráneo.
Es una prenda de lana, paño o seda, de forma cuadrada o rectangular, ribeteada de flecos en dos o cuatro lados, con una abertura en el centro para poder pasar la cabeza por élla y dejarlo calzado sobre los hombros, para que caiga cubriendo el cuerpo.
Sirvió al indio y al gaucho de abrigo contra el frío del desierto o de capa para protegerse de la lluvia. También lo usó este último de cobija cuando durmió en su cama o la improvisó con elementos de su recado. Fue usado también como tapete sobre la tierra, al armarse alguna partida de naipes en pleno campo.
Además de abrigo, proveyó al gaucho de adarga o escudo en sus peleas y fue una especie de arma capaz de producir verdadero desconcierto en una reyerta.
Poncho A Pala
Se confeccionaba comúnmente con lana de la oveja criolla llamada chilluda, el que era teñido con fuertes colores, resultando grueso como manta, para abrigo.
En la primera época, los ponchos siempre vinieron de las provincias del noroeste argentino y eran, mayoritariamente, cordobeses y santiagueños. A algunos de éllos se los caracteriza por el modo de fabricarlos:
A pala (hechos en telar con pala) de lanilla de color natural o vicuña, a listas más claras y oscuras y, por extensión, cualquier poncho castaño o amarronado claro con rayas amarillentas.
Primitivamente se usó en la campaña de la provincia de Buenos Aires, el poncho de cuero, confeccionado con cuero de potro sobado, semejante al poncho patria. Por lo general se llevaba de bajera en el recado, para poder utilizarlo rápidamente.
También se conoce a otros, por el material con que están hechos, como los de bayeta entre los que figura el patria, adoptado por los ejércitos nacionales. Era semejante al de cuero en forma y dimensiones, diferenciándose en el material de obra: tela de paño grueso, color azul, en el anverso; de la misma tela, colorado en el reverso y con forro de bayeta, cuello y abertura cerrable con botones, en el pecho.
O por los dibujos negros y blancos caracterizantes, como el pampa, que era cualquier clase de poncho de tejido basto y de lana de oveja o guanaco, traído a la región bonaerense principalmente por los indios pampas y araucanos, distinguido también por sus cruces encerradas en rombos o cuadriláteros de cualquier otro color, siempre que no entrase como fondo terminante el rojo.
Existen los de lana de llama, mullidos y abrigados; los de lana de guanaco, de tono más fuerte y oscuro.
Poncho pullo o puyo: es originario del Chaco occidental. Su forma corriente es cuadrada y no rectangular. Su tamaño puede variar de 1m a 1,40 por lado. Se parece a las matras pampeanas. Tiene una especie de felpa por un haz y su tejido es grueso, pudiendo tener boca o no. Fue muy utilizado por los habitantes de los lugares boscosos ya que su pequeño tamaño disminuía la probabilidad de que se produjeran desgarros en sus alas sueltas.
Esta escasez era compensada por los guarda-montes.
Poncho Calamaco: redondeado, cortón, de poco más o menos de 1,50 m por 2,10 m - semejante al pampa - y en el que primaba el rojo.
A otros por su aspecto, como el balandrán o el vichará, poncho de pobre, de tejido basto, gris oscuro o azul, con franja negra o más oscura.
En la pampa sólo se usó la lana de oveja y la de guanaco, en los telares nativos para fabricar esta prenda; pero también se utilizaron ponchos de otras procedencias - como la inglesa - como los de bayeta listada o los de vicuña y alpaca del noroeste argentino.
fuente:http://www.corrienteshoy.com
El Gaucho es, sin dudas, el arquetipo de nuestra nacionalidad, y José Hernández, quien lo puso en la consideración del pueblo de su patria, la que el conquisto a pata de caballo y defendió con su vida. Por eso el 6 de Diciembre se recuerda su gesta y su impronta, para tratar de recobrar un poco de sus valores y de aquello que llevó, allá por el ochocientos, a ser distinto de sus antecesores y diferente a cualquier otro habitante de la tierra. En ese tiempo y espacio en que se consolidó como forjador de nuestra Identidad Nacional. Rescatemos del Gaucho, su predisposición a brindarse al prójimo, su estar siempre dispuesto sin esperar nada a cambio, su vocación por la libertad, su hidalguía, su valentía en las luchas de independencia...
Recordemos al Gaucho, que recordándolo nos reencontraremos con nuestras raíces y nuestra propia identidad nacional. Feliz Día del Gaucho para Todos
El Gaucho Argentino
Aunque se la utilizó en todo el río de la Plata - y aún en Brasil - no existe absoluta certeza sobre el origen de la palabra gaucho.
Es probable que el vocablo quichua huachu (huérfano, vagabundo) haya sido transformado por los colonizadores españoles utilizándose para llamar gauchos a los vagabundos y guachos a los huérfanos.
También existe la hipótesis de que los criollos y mestizos comenzaron a pronunciar así (gaucho) la palabra chaucho, introducida por los españoles como una forma modificada del vocablo chaouch, que en árabe significa arreador de animales.
La denominación se aplicó generalmente al elemento criollo (hijos de españoles) o mestizo (hijos de españoles con indígenas), aunque sin sentido racial sino étnico ya que también fueron gauchos los hijos de los inmigrantes europeos, los negros y los mulatos que aceptaron su clase de vida.
El ambiente del gaucho fue la llanura que se extiende desde la Patagonia hasta los confines orientales de Argentina, llegando hasta el Estado de Rio Grande del Sur, en Brasil (gaúcho).
El proceso evolutivo del gaucho y el uso de esa palabra se desarrolló sin solución de continuidad. Distintos tipos degaucho existieron en Argentina antes de 1810, es decir antes de ser conocidos con ese nombre. Peones de campo existieron desde que comenzaron a formarse las primeras estancias, aunque hayan sido pocas al principio. El tercer tipo - que luego se llamó gaucho alzado - existió en reducido número. Pero no fueron los primitivos peones ni los "fuera de la ley" quienes le dieron la característica suficientemente fuerte para llamar la atención.
Es indudable que el tipo de gaucho que tuvo realmente fisonomía peculiar - el primero que fue llamado así - fue el gaucho nómada, no delincuente, que estuvo implícito en el gauderío oriental del s. XVIII. Este gaucho fue algo más que un simple vagabundo. Adquirió en la Argentina, a lo largo del s. XIX rasgos propios bien definidos. Y cuando se difundió suficientemente - es decir, a medida que fue creciendo la población rural - fue llamado gaucho, como también se había llamado al paisano oriental del s. XVIII.
Hábiles jinetes y criadores de ganado, se caracterizaron por su destreza física, su altivez, su carácter reservado y melancólico.
Casi todas las faenas eran realizadas a caballo, animal que constituyó su mejor compañero y toda su riqueza. El lanzamiento del lazo, la doma y el rodeo de hacienda, las travesías, eran realizados por estos jinetes, que hacían del caballo su mejor instrumento; en el caballo criollo no sólo cumplía las faenas cotidianas sino que con él participó en las luchas por la independencia, inmortalizando su nombre con las centauras legiones de Güemes.
Fue el hombre de nuestro campo, principal escenario de su vida legendaria y real. De vida solitaria ya en grupos de tiendas, como las tribus nómades ya en racheríos aislados como en la pampa sureña.
Las bombachas
Habrían hecho su aparición por estas tierras alrededor del año 1843, desde su probable lugar de origen, Turquía.
En la campaña de la provincia de Buenos Aires y, en general, en la zona pampeana, se usó siempre la de "dos paños", sensiblemente más angosta que la que, por ejemplo, se utilizaba en Entre Ríos. Los gustos preferidos para la tela eran gris mezclilla oscuro, sufrido; el negro; el "bataraz" o "pied de pule"; y, más tarde, el "gabardina".
La Rastra
Es el broche o hebilla que se utiliza para unir los dos extremos del cinto.Las más antiguas son de plata cincelada, con un diámetro de entre 9 y 11 cm. Los tiros, cadenas o chapones son cortos, prestando al todo de la rastra un aspecto de pieza ajustada y compacta, acentuado por el empleo de grandes botones o monedas. Hoy es esencialmente decorativa.
El poncho
Una hipótesis de algunos lingüístas sobre la palabra poncho la ubica dentro del área de habla araucana (pontro) sería un préstamo para nombrar a la prenda de tejido típicamente andina. Se tiene noticia de su uso por los indios (Picunches y Sanquelches) hacia fines del siglo XVIII y fue prenda imprescindible en el territorio del Río de la Plata. Otros autores descartan el origen americano del poncho y le atribuyen procedencia peninsular, particularmente como voz de léxico de la marinería española del Mediterráneo.
Es una prenda de lana, paño o seda, de forma cuadrada o rectangular, ribeteada de flecos en dos o cuatro lados, con una abertura en el centro para poder pasar la cabeza por élla y dejarlo calzado sobre los hombros, para que caiga cubriendo el cuerpo.
Sirvió al indio y al gaucho de abrigo contra el frío del desierto o de capa para protegerse de la lluvia. También lo usó este último de cobija cuando durmió en su cama o la improvisó con elementos de su recado. Fue usado también como tapete sobre la tierra, al armarse alguna partida de naipes en pleno campo.
Además de abrigo, proveyó al gaucho de adarga o escudo en sus peleas y fue una especie de arma capaz de producir verdadero desconcierto en una reyerta.
Poncho A Pala
Se confeccionaba comúnmente con lana de la oveja criolla llamada chilluda, el que era teñido con fuertes colores, resultando grueso como manta, para abrigo.
En la primera época, los ponchos siempre vinieron de las provincias del noroeste argentino y eran, mayoritariamente, cordobeses y santiagueños. A algunos de éllos se los caracteriza por el modo de fabricarlos:
A pala (hechos en telar con pala) de lanilla de color natural o vicuña, a listas más claras y oscuras y, por extensión, cualquier poncho castaño o amarronado claro con rayas amarillentas.
Primitivamente se usó en la campaña de la provincia de Buenos Aires, el poncho de cuero, confeccionado con cuero de potro sobado, semejante al poncho patria. Por lo general se llevaba de bajera en el recado, para poder utilizarlo rápidamente.
También se conoce a otros, por el material con que están hechos, como los de bayeta entre los que figura el patria, adoptado por los ejércitos nacionales. Era semejante al de cuero en forma y dimensiones, diferenciándose en el material de obra: tela de paño grueso, color azul, en el anverso; de la misma tela, colorado en el reverso y con forro de bayeta, cuello y abertura cerrable con botones, en el pecho.
O por los dibujos negros y blancos caracterizantes, como el pampa, que era cualquier clase de poncho de tejido basto y de lana de oveja o guanaco, traído a la región bonaerense principalmente por los indios pampas y araucanos, distinguido también por sus cruces encerradas en rombos o cuadriláteros de cualquier otro color, siempre que no entrase como fondo terminante el rojo.
Existen los de lana de llama, mullidos y abrigados; los de lana de guanaco, de tono más fuerte y oscuro.
Poncho pullo o puyo: es originario del Chaco occidental. Su forma corriente es cuadrada y no rectangular. Su tamaño puede variar de 1m a 1,40 por lado. Se parece a las matras pampeanas. Tiene una especie de felpa por un haz y su tejido es grueso, pudiendo tener boca o no. Fue muy utilizado por los habitantes de los lugares boscosos ya que su pequeño tamaño disminuía la probabilidad de que se produjeran desgarros en sus alas sueltas.
Esta escasez era compensada por los guarda-montes.
Poncho Calamaco: redondeado, cortón, de poco más o menos de 1,50 m por 2,10 m - semejante al pampa - y en el que primaba el rojo.
A otros por su aspecto, como el balandrán o el vichará, poncho de pobre, de tejido basto, gris oscuro o azul, con franja negra o más oscura.
En la pampa sólo se usó la lana de oveja y la de guanaco, en los telares nativos para fabricar esta prenda; pero también se utilizaron ponchos de otras procedencias - como la inglesa - como los de bayeta listada o los de vicuña y alpaca del noroeste argentino.
fuente:http://www.corrienteshoy.com
martes, 20 de noviembre de 2012
MARTIN FIERRO
Argumento de las dos partes
Primera parte: “La Ida”
Martín Fierro, el gaucho, nos va a contar con sincera nostalgia la vida feliz que antaño llevaba en la pampa y la inicia no con el grandilocuente verso homérico de “Canta musa, la cólera de Aquiles”… sino con un auténtico rapsoda del pueblo al que van destinadas sus cuitas y lamentos: “Aquí me pongo a cantar / al compás de la vigüela…” en el canto II comienza el relato propiamente novelesco del poema, concretamente al llegar la cuarta estrofa: la leva lleva al gaucho del hogar a “la frontera”, a la tierra de indios.
En el canto III asistimos a la vida miserable que sufre nuestro protagonista en su nuevo destino. La guerra con el indio se halla erizada de peligros sin cuento, hasta el punto de que el gaucho decide huir (canto IV y V). La continua huída va a durar tres años, sembrado de penalidades sin cuento. Pobre y desnudo, regresa a su rancho, que ha sido destruido y ha de refugiarse en una cueva.
Las penalidades no han terminado: en el canto VII Fierro sufre persecución al ser considerado un vago. Entonces se revela y se torna “malo”, frecuenta las “pulperías”, se emborracha y, pendenciero, en una pelea mata a un negro. En el canto VIII, la policía lo persigue. Exhausto, pero valiente, lucha hasta la extenuación, hasta conseguir la admiración del sargento de policía Cruz, en el canto IX lo escucha con atención y, compadecido de él, le cuenta a su vez, su historia; y así ambos, por ser dos almas gemelas, deciden marchar a tierra de indios. Así se llega al canto XIII, con el que finaliza la primera parte. Hernández, por boca de su protagonista, anuncia “romper la guitarra para no volverla a templar”. En la última estrofa se encierra toda la protesta y denuncia socio-política: “…que referí ansí a mi modo / males que conocen todos / pero que naides contó”.
Segunda parte: “La Vuelta”
La segunda parte abre también con una pequeña introducción. Se trata de una novela rimada con ecos de poema épico. José Hernández sabía que la fama de su personaje corría de boca en boca, a semejanza de lo que Sancho dice en relación a su amo en la segunda parte del Quijote (1 y 2). Narración de las aventuras de Cruz y Fierro en la tierra de indios, fiestas y bailes de los mismos, postura ante los prisioneros. En el canto 3 aparece una poesía sentenciosa junto al treno y la lamentación continuada. Una resignación sin esperanza, un estoicismo ilustrado con metáforas encadenadas. Menos mal que el lamento es el mejor lenitivo para todos los males. Las lamentaciones se cortan y volvemos a enfrentarse con el indio y conocemos la vida de prisioneros de Cruz y Fierro. En los cantos 4 al 6 se nos describen las costumbres indias, muchas de ellas bárbaras y salvajes, singularmente las de los hombres que maltratan a sus mujeres cuales aparecen como sufridas y abnegadas.
En el canto 6, Cruz muere de viruelas. Encomienda a Fierro a su hijo porque ya no tiene tampoco madre. Hasta ese momento no sabíamos que cruz tenía un hijo, y es quizá para un hombre que siempre se halla en escenarios bélicos, el pensar que podía tener una familia le quitaba toda la dureza de su carácter.
En el canto 8, tras enterrar a Cruz y llorarle, Fierro se ve envuelto en un terrible duelo con un salvaje que maltrata a una prisionera blanca. Después logra huir con ella, no sin antes asistir a una de las escenas más tiernas y a la vez duras del poema: el indio golpea brutalmente a la mujer y le arranca a su hijo de los brazos, acto seguido lo degüella… ¡para amarrarle después las manos con las propias tripas de su hijo! En los cantos 9 y 10 Fierro y su compañera sepultan al niño despedazado, tras matar al indio y enterrarlo en un “pajonal”, a fin de que la tribu tarde en encontrarlo; después marchan a “tierra de cristianos”.
Cuando llegan, Fierro se despide de la mujer y cada cual parte por su lado. Tres años han pasado en duro peregrinaje y cinco con los indios cautivo. Las autoridades ya no se acuerdan de sus delitos. Entonces aparecen los hijos de nuestro protagonista, a los que les cuesta identificarle, porque “venía muy aindiado y muy viejo”. En el canto 12, el hijo mayor cuenta su estancia en la cárcel; en el 13 el hijo segundo narra asimismo su historia. Se nos da a conocer un nuevo personaje: el viejo Viscacha, a quien se le encomendó el hijo más pequeño hasta que tuviera edad para gozar de la herencia. El carácter y las acciones de Viscacha se nos narran en los cantos 14 y 15. En el canto 16 fallece Viscacha y es enterrado (canto 17 y 18). La obsesión por el viejo Viscacha, que tanto hiciera sufrir al hijo segundo, se nos explica con detalle. En el canto 20 aparece Picardía, que explica su azarosa vida picaresca (cantos 21 a 28). ¡Finalmente descubrimos que Picardía as el hijo de Cruz!
Aparece a continuación el Moreno, nada menos que el hermano menor del negro que injustamente mató Martín Fierro (canto 29 a 31). Por último, Martín Fierro (transposición del autor) da una serie de consejos a sus dos hijos. Estos, junto con Picardía, se despiden, no sin antes decidir cambiar de nombre. En la penúltima estrofa se nos devela el mensaje del autor al proponerse escribir la segunda parte de la obra: “es el tiempo de olvidar antiguas rencillas, tiempo es de trabajar por un futuro”. El propio José Hernández se dirige a los lectores con el convencimiento de que su poema a de pasar a la posteridad y de que todo él encierra una enseñanza
jueves, 15 de noviembre de 2012
martes, 13 de noviembre de 2012
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