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jueves, 18 de junio de 2015

Ese Bombero Soy Yo - Carlos Ramón Fernández


En una silla de rueda 
Viene cruzando la calle 
En su espalda la mochila 
En sus brazo un gran envión 

Quiere llegar bien temprano 
Por el aviso en el diario, 
Por ver si en esa mañana 
Puede hablar con el patrón, 
Toco timbre y al instante 
Lo atiende una secretaria, 
Y al preguntar que precisa cual es su necesidad, 
“Yo vine por el aviso que a publicado en el diario” 
Quisiera hablar con el dueño esa es la pura verdad. 

Salió un hombre bien vestido 
Sin siquiera saludarlo, 
Y empieza las peroratas 
Esas de nunca acabar, 
Mi empresa no brinda ayuda 
Ni a indigentes ni a mendigos, 
Cuando precise una ayuda nadie me la vino a dar. 

Mi empresa!! Sufrió un incendio, 
En el año 2001, 
Nadie vino a tocar timbre ni el celular levanto, 
No se me arrimo el vecino 
Los políticos no estaban, 
Yo casi quede en la ruina 
Pero nadie me ayudo 

Si usted me escucha, Un instante 
Yo le hablare con respeto, 
Yo ando en busca de trabajo 
Esa es mi necesidad. 

Hijo de familia humilde 
Mis padres son dos empleados, 
Pero no conozco el gusto 
Del pan de la caridad, 
Yo vine por el aviso 
Que ah publicado en el diario, 
Que a su floreciente empresa hoy la quiere renovar. 



Señor yo soy Arquitecto, 
Y acá traje en mi mochila, 
Mi referencia y mi titulo 
Si es que quiere comprobar. 

Pero tengo que decirle 
Que anda mal de la memoria, 
Cuando me habla del incendio 
De que nadie lo ayudo 
Ese 14 de enero de aquel año 2001 
Todo un cuerpo de bomberos 
Por su empresa se jugo 

Se acuerda cuando su hija, 
Entre hierros atrapada, 
Cumpliendo con su tarea 
Un bombero la salvo, 
Aunque el perdiera una pierna 
A ella le salvo la vida, 
Sabe quién era el bombero ese bombero soy yo 

Pero esto No es un reproche, 
Yo solo busco trabajo, 
Pero quisiera decirle de que usted debe aprender, 
El día que toquen timbre, 
En su floreciente empresa 
Antes de juzgar la gente, se la debe conocer. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Carlos Ramon Fernandez y Diego


La Leyenda De Gabino


Casi me suena a leyenda, la historia que me contaron
ya muchos años pasaron de una terrible contienda;
la causante fue una prienda que convirtió en asesino
a un puestero, un tal Gabino que por ella y su traición
mató en un duelo al patrón una tarde en un molino.
Comentan que era cantor, que su voz era un lamento
mezcló en su estampa y su acento al zorzal y al picaflor.
Y por culpa del error marchó pa´ siempre el paisano
con la guitarra en sus manos, y el puñal en la cintura,
y se perdió su figura en los montes entrerrianos;
más de un rastreador mandaron pero aquel que se atrevió
nunca jamás regresó ni sus huellas encontraron.
Pero después comentaron que en aquella selva había
una ciénaga que hacía confundir a aquel que entraba,
y si en ella se ganaba, para siempre se perdía.
El tiempo quizás borro la historia de muchas mentes,
y paso a ser simplemente, un hecho que ya ocurrió;
pero nadie imaginó que en tremendo desafío
entre veranos y fríos Gabino vive quizás,
cual paloma montaras en las selvas de Entre Ríos.
Porque un tropero al pasar, siendo en los montes baqueano,
en un claro vio un anciano que intentaba disparar,
al no poderlo lograr, al sentirse descubierto
a pesar del desconcierto desenvainó su puñal,
y echó ancas a un matorral cual montés en campo abierto,
el tropero disparó y en el boliche una tarde dijo:
- no es bueno que guarde lo que mi vista observó -
casi ninguno creyó la historia que les contaba
pero en un rincón estaba refregándose las manos
nerviosamente un anciano que muy atento escuchaba.
-yo si le creo al tropero- comentó don Saturnino
-puede ser que sea Gabino, el fue mi gran compañero,
yo fui mensual y él puestero en la estancia de Almaraz
y hoy cuando el sol no esté más perdido en el horizonte
en las entrañas del monte descubriré la verdad.
cuando la noche a llegar le apago al monte los trinos
ya lo encontró a Saturnino muy dispuesto a averiguar
una lechuza al chistar aquel silencio corto
y allí el anciano soltó un silbo que llevó el viento
y el monte como en un lamento, un silbo le devolvió ,

Así encaró decidido:
a cada paso silbaba y el ceibal le contestaba un silbo muy conocido
y de pronto estremecido en un clarito se halló, con un fogón que alumbró
una imagen que desgarra, un anciano, una guitarra, y como testigo Dios.
En tan extraño paisaje se encontraron dos amigos
y como mudo testigo, la guitarra sin cordaje,
y ya devuelta del viaje les comentó a sus paisanos
con la guitarra en las manos y un lamento en la garganta,
de noche Gabino canta en los montes Entrerrianos!











Carlos Ramon Fernandez.

El Chacarero Cantor


Desde hace algunos años su presencia es infaltable en las fiestas camperas. Pero, lo que en su carrera hoy aparece como una cosecha constante, tuvo una siembra larga y paciente que le propinó la llave con que hoy se han abierto tantas puertas a Carlos Ramón Fernández, este chacarero cantor que, aunque aquerenciado en Saladillo, es un poco de tres lugares de la provincia.
“Soy nacido en Dolores, pero viví aquí muy poco tiempo ya que mis padres, por razones de trabajo, se trasladaron a Las Flores y allí me crié y viví hasta los 29, cuando mi mujer heredó una chacra en Saladillo. Antes, en Las Flores, había sido mensual de campo, alambrador; trabajé toda mi vida en el campo, y luego, cuando mi esposa heredó esa chacrita, nos radicamos ahí, siempre con este sueño”, dice el cantor.
A Fernández su padre le regaló a los 15 años una guitarra, lo que señala como el comienzo de su vida de cantor. Con ella empezó a subir a los escenarios de jineteadas, donde animaba el Gringo de Lobos, el encargado de abrir paso a Fernández. Luego, “en Saladillo la vida me dio una nueva oportunidad que fue la de poder grabar y ahí nace mi nombre, «El chacarero cantor», por vivir en una chacra a 15 kilómetros de la ciudad”.
Después vendrían años de recorrer jineteadas con los casetes, que vendía en mano al finalizar la actuación, mientras su vida seguía dependiendo del trabajo semanal. “Pasaron varios años de mucho trabajo en la chacra. De ordeñar y hacer quesos para luego venderlos y de hacer de todo, porque esa es la única forma de poder sobrevivir en un campito chico y de mantener a la familia”. La referencia es a Graciela, su esposa, que lo acompaña a cuantos lados va y a sus dos hijas, Laura y María José, quienes les han dado tres nietos.
“El apoyo de mis padres y de mi mujer y mis hijas ha sido decisivo, porque en esto no se puede avanzar sin ese respaldo.”
En sus canciones le ha cantado a la madre en “Cuatro letras para un verso”; a los ancianos en “Domingo Día del Padre”, un manifiesto contra el abandono que sufren los viejos en la soledad de un asilo; aludió a la mayoría de los oficios rurales en milongas y valses criollos y en esos y otros ritmos le cantó a algunos de los jinetes y caballos más celebres.
No se considera un cantor de protesta aunque en la actualidad, su tema más conocido sea “Que te ha pasado justicia”, una suerte de hit criollo en la que un excluido social cuestiona el funcionamiento de las instituciones y de la justicia social. Tampoco se olvida de sus pares, los campesinos entre los que pasó sus primeros años de labor.
“Quizás en próximos trabajos pueda grabar algo que pienso: no vas a escuchar nunca en un medio importante que un puestero cortó una ruta como medida de protesta o de fuerza; jamás lo hace. Es el hombre que agacha la cabeza y es muy posible que se vaya de un lugar sin pedir aumento. Por ahí la gente de las grandes ciudades quiere ir los fines de semana a descansar al campo y quiere que lo atiendan, pero ese hombre también se merece su descanso por haber trabajado durante la semana. El hombre de campo es un poco incomprendido en esas cuestiones.”
A la hora de agradecer no se olvida de mencionar a los medios que respaldaron sus comienzos. “Los medios regionales siempre me dieron una oportunidad sin pedir nada a cambio.”
La rutina actual lo lleva a viajar casi todos los fines semana en distintas direcciones cumpliendo con los compromisos artísticos o distribuyendo sus discos. “Los lunes ya estamos de regreso en la chacra, donde me gusta ensillar un caballo y salir a recorrer. Tenemos animales y con mi esposa armamos los potreros rotativos con el alambre eléctrico y muchas cosas más de las que nos ocupamos en esos días de la semana que pasamos ahí.”"
Diario La Nacion, Sábado 21 de enero de 2006 | Publicado en edición impresa

Carlos Ramon Fernandez


sábado, 17 de noviembre de 2012

Carlos Ramon Fernandez “El Cuento”


Inundaba la cocina un olor a pan casero
Tres platos sobre la mesa invitaban a almorzar
Y dos manos laboriosas emblanquecidas de harina
Trajinaban diligentes en el seno del hogar.
Llego el hombre desde el campo, con media jornada a cuestas
Saludo a su compañera en amoroso ademán
Y al buscar la frente hermosa del hijo que tanto amaba
El beso que le ofrecia se le quedo en un afán.
Porque el niño, de diez años, que era un canto de alegria
Como flor de buenas noches con su blanco delantal
Con un velo de tristeza empañando sus pupilas
Torno esquivo la cabeza cuando él lo quiso besar.
Quedo el hombre sorprendido ante el hecho inesperado
Y buscando una respuesta con un gesto paternal
Olvidando su cansancio lo sento sobre su falda
E inquirió dulcemente la causa de su pesar.
Entonces el niño bueno que siempre fue su esperanza
Su desvelo su fatiga y el sol de su despertar
Respondió con voz quebrada casi al borde del sollozo
En la escuela me dijeron que vos no sos mi papa.
Una ronda de silencio giro en torno de la mesa
Un padre busca palabras difíciles de encontrar
Y una madre en la cocina aviva la leña verde
Como culpándolo al humo que la esta haciendo llorar.
Después de un hondo mutismo, frente al niño confungido
Dijo el hombre emocionado pero con firme expresar
Te voy a contar un cuento que nunca conté en tu cuna
Porque este cuento hijo mio es un cuento de verdad.
Hace ya mas de diez años al llegar la primavera
El amor se hizo semilla en el vientre de mama
Que amaba a un muchacho pobre, el mejor de mis amigos
Pero honrado en su pobreza y bueno como el que mas.
Esperando tu llegada hicieron yunta enseguida
Al abrigo de un ranchito como nido de torcaz
Aunque escaseaba el trabajo, a fuerza de changa y besos
Hicieron frente a la vida con la fe del que es capaz.
El tiempo siguió su marcha y fue gastando las lunas
Ya estaba tu sabia nueva de la vida en el umbral
Cuando a la humilde morada que cobijaba tus sueños
La entro a cercar la miseria con su triste realidad.
No tenia tu pobre madre ni un pedazo de pan duro
Que alimente sus pezones cuando quisieras mamar
Un trasto desvencijado te habria de servir de cuna
Y un poncho deshilachado seria tu soñado aguar.
Entonces el mozo bueno como ultima esperanza
Salio a reclamarle al mundo la justicia y la igualdad
Un trabajo que lo honrara como padre y como hombre
Para poder criar al hijo con orgullo y dignidad.
Golpeo aldabas sin respuesta, en las mas ricas estancias
Pidio arreo a los señores que acuñan un dineral
Y a las puerta del gobierno les golpeo el cedro lustroso
Sin hallar quien lo cuarteara en su cansado obregal.
Entonces desesperado, una tarde desgraciada
Al pagador de una estancia que embosco en un fachinal
Le arrebato los salarios y al resistirse el viajero
El facon del importunio lo convirtió en criminal.
Por su acallado delito llego esa noche a la casa
Con las maletas cargadas de ropita sin usar
Y en el hueco de sus manos como un sagrado tesoro
Para el hambre de tu madre la providencia del pan.
Por el hecho la justicia tomo cartas en el caso
Y justo la madrugada que el mundo te vio llegar
Como a un tigre acorralado defendiendo su guarida
Lo mato la policia al no quererse entregar.
Yo lo tuve entre mis brazos casi cuando agonizaba
Y en su ultimo suspiro me pidio en su balbucear
Que para salvar tu honra me casara con tu madre
Y te criara como a un hijo sin decirte la verdad.
Con tu madre desdichada cumplimos el juramento
Y desde entonces este rancho es de los tres el hogar
Donde vas creciendo fuerte al amparo de mis brazos
Y mi nombre y apellido es mi mayor capital.
Alzo el niño la cabeza después de escuchar el cuento
Y abrazándolo con fuerzas que sus diez años le dan
Grito lleno de alegría ya no llores mas mamita
En la escuela no sabían que yo tuve dos papas.
Carlos Loray.